Por: Alberto López de Mesa E.
Escritor, titiretero
Leer Revista Encuentros #49 completa

Durante una sesión proselitista, el senador y candidato Miguel Uribe fue abaleado por un sicario de catorce años. Dos de los disparos le acertaron en la cabeza, causándole graves lesiones en el cerebro (mientras escribo esta columna, continúa en cuidados intensivos y con pronóstico reservado en la Fundación Santa Fe de Bogotá).

El que el joven político Miguel Uribe haya sido el objeto de este atentado es desconcertante para analistas y politólogos, tanto de la izquierda como de la derecha, pues, en realidad, su llegada a la política y también su trayectoria son obvias, en tanto descendiente de élites políticas (nieto del expresidente César Turbay Ayala). En coherencia con la tradición de mandatarios de ascendencia oligárquica, desde niño se asumió predestinado para gobernar, sumado a que su padre, Miguel Uribe Londoño, conservador de partido, se ha ocupado en tutorizar su transcurso y desempeño en la política y en cargos públicos. Cabal representante del derechismo de última generación, con esas ventajas, recién se graduó de abogado en la Universidad de las Andes, logró ser concejal de Bogotá y, en seguida, secretario de gobierno en la alcaldía de Peñalosa, y al cabo llegó al Senado, en la lista del Centro Democrático; y, vean ustedes, ya es candidato a la presidencia, sin grandes opciones, diría uno, a menos que, como Iván Duque, fuese “el que diga Álvaro Uribe”.

En franco análisis, su papel en el panorama actual no constituye una amenaza para nadie, aunque ha hecho oposición asidua al gobierno, algo ingenuo y sin mucho análisis, más como militante obediente de su bancada. Por eso, es en todo inusitado el que haya sido víctima del alevoso atentado.

Las investigaciones de la Policía y de la Fiscalía concluyen en una perogrullada de que “es por razones políticas”, pero de lo que le han sacado al sicario adolescente, y de las capturas por deducción de lo visto en los videos, deducen que el atentado lo ordenó alias El Costeño. ¿Por qué? Nada claro, todo vago. Tan torpe atentado tiene todas las características de un golpe desestabilizador.

Mas, como era de esperarse, la derecha nacional y también la internacional ya especulan con insidia que el atentado proviene de la izquierda, incluso de alguien del partido de gobierno; lógicamente los medios no desglosan ese criterio, así que, tocando la sensibilidad popular, afectan las aspiraciones del partido Colombia Humana en las próximas elecciones. A tiempo y con buena fe, el gobierno deploró franca y públicamente el atentado contra el candidato, además de apurarse en disponer todas las instancias respectivas para esclarecer el delito y dar captura a los implicados directos y a los autores tras las sombras.

Si consideran mi opinión, diré que me parece un golpe improvisado, infame en la escogencia del personaje, consecuente con ideas sin asidero y, por lo mismo, tan perverso como peligroso. Ojalá se identifiquen a los que ordenaron ese golpe antes de que se posicionen como otra fuerza antisocial.

Definitivamente es un raro atentado.