
Hay personas cuyas vidas son una constante entrega para construir un mundo mejor y una sociedad algo más equilibrada y justa. Por eso hacen historia, por el impacto sobre sus comunidades o sobre la sociedad en su conjunto. En medio de las persecuciones y el mal entendimiento de sus palabras y sus actos, persisten en la búsqueda de un tiempo donde los futuros soñados de muchos logren la convergencia en un mundo diverso, plural, en el que la diferencia sea riqueza y la vida, toda la vida, ostente su carácter sagrado. Un tiempo en el que la muerte, como parte integral de la vida, sea concebida con respeto y dignidad. Un tiempo en el que los seres humanos recuerden su condición espiritual como requisito material para la felicidad. Esta historia comenzó el 11 de julio de 1925, en Barranquilla, con el nacimiento de Orlando Fals Borda, hijo de María Borda y Enrique Fals, miembros destacados de la Iglesia Presbiteriana barranquillera.
Así que, en julio de este año 2025, Orlando Fals Borda cumpliría 100 años de edad. En muchas ciudades de Colombia –en particular en Bogotá– se han realizado foros y reuniones para celebrar la obra de Fals. Hubo una peregrinación a la escuela de Saucío, en Chocontá, a donde Fals llegó por primera vez en 1949 y de donde se despidió en el 2008. En Montería, a su vez, se reunieron un grupo de viejos campesinos, que han luchado por su derecho a la tierra durante toda su vida, junto con algunos intelectuales locales que trabajaron con Orlando Fals, mujeres y hombres viejos y jóvenes que tratan de encontrarse, mujeres líderes inagotables y hombres jóvenes que buscan su camino contra el miedo y la muerte. Lo de Montería fue una fiesta en la que la sensibilidad, el amor, la emoción hasta las lágrimas, hicieron que la historia fluyera desde cada uno como una lava poderosa; la Investigación-Acción Participativa (IAP), fundada en el amor, como tantas veces lo pregonara Orlando Fals, iluminó el campus de la Universidad de Córdoba, alimentado por las convicciones de los funcionarios de la Unidad de Restitución de Tierras, que facilitaron los encuentros.
Terminado su paso por el colegio presbiteriano, Orlando Fals Borda ingresó a la Escuela Militar de Cadetes, de donde salió apenas un año largo después, gracias a la presión de su madre, que le buscó una beca en los Estados Unidos para continuar sus estudios en música y literatura inglesa. En 1947 ya estaba de regreso a Barranquilla, en donde asumió la dirección de los coros de la Iglesia y del Colegio Americano y se hizo cargo del Centro Juvenil Presbiteriano, en donde tuvo la ayuda de algunos de sus amigos, como Alejandro Obregón y Álvaro Cepeda Samudio. La música era la razón primera de su religiosidad. Cuando asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, el jóven Fals no estuvo indiferente y escribió una cantata que se llama “Mensaje a Colombia”. En 1949 decidió transladarse a Bogotá, al tiempo que también lo hacía un hombre muy infuyente en su vida, el pastor Richard Saull, alguien importante en la “Teología de la Liberación”, quien lo nombró director del coro de la iglesia de la calle 24 con carrera quinta. La música como el camino para salvar a la juventud. Pero su trabajo inicial era el de profesor de inglés en el Colegio Americano.
Había tomado una clase de sociología en los Estados Unidos, lo que lo aventuró a buscar al ministro de Educación, Fabio Lozano, para ofrecerle sus servicios como sociólogo. Lo emplearon en Vianí, para que respondiera por el orden de un archivo. Al llegar, se ofreció al cura como organista de la iglesia, razón por la cual lo despidieron antes de completar su primer mes. Sin embargo, se había introducido en el mundo de la gente, tenía preguntas, se sentía cómodo en su papel de investigador social. En ese archivo, encontró un trabajo sobre Tabio, dirigido por Lynn Smith, profesor de sociología en la Universidad de Minnesota, sin duda, de los primeros trabajos sobre campesinos en Colombia, además de algunos intentos descriptivos que habían hecho los alumnos de Paul Rivet en la misma zona. Se ofreció para trabajar como secretario bilingüe en la empresa norteamericana Winston Brothers, que hacía un par de represas en Cundinamarca. Terminó viviendo, a los 24 años, en el campamento de la empresa en el Sisga, cerca de Bogotá. Antes de un año se convirtió en el jefe de campamento.
Así llegó a Saucío, un valle hermoso entre el Sisga y Chocontá, en donde la empresa recogía todos los días a los trabajadores, de quienes Fals pronto se hizo amigo y decidió pasar con ellos cada vez más tiempo. Aprendió a tocar el tiple y a bailar los ritmos locales y los detalles de la vida campesina, en los que se fue introduciendo cada vez más, gracias a su uso del texto sobre Tabio del profesor Smith. Eso generó desconfianza entre algunos de los trabajadores y sus familias, que fueron menguados por la interveción del cura Jaime Delgado, cuya hermana, además, era la esposa del hijo del hacendado local, pariente cercano de una importante antropóloga colombiana, Alicia Dussán Maldonado de Reichel, con lo que Fals tuvo también acceso a los archivos de la hacienda y a una nueva información muy valiosa sobre los sistemas de explotación de la tierra en estas zonas. Cuando le pidieron un informe de las oficinas centrales de la empresa, su detalle, conocimiento y claridad llamaron la atención de sus jefes, quienes le ofrecieron un cargo de coordinador en Minneapolis, Minnesota, que aceptó por dos razones: porque le pagaban muy bien, y porque le permitieron hacer su maestría en la universidad de Minnesota.
La escritura de su tesis de maestría sobre los datos de Saucío, que salió publicada años después como Campesinos de los Andes (1961), y su posterior trabajo de grado doctoral, que se publicó primero como El hombre y la tierra en Boyacá (1957), fueron muy bien recibidos en ese mundo de los cincuentas, recién salido de la guerra y en la búsqueda de formas de “progreso” que alimentaban los departamentos de antropología y sociología en Europa y los Estados Unidos. A su retorno del doctorado, se desempeñó por un período corto como consultor de la Organización de los Estados Americano (OEA), en Brasil, antes de establecerse de nuevo en Bogotá. El subtítulo de su libro de Boyacá, bases para una reforma agraria, llamó la atención del ministro de Agricultura, Augusto Espinosa Valderrama, quien lo invitó a convertir su propuesta en práctica. De inmediato, lo nombró viceministro, cargo que desempeñó durante dos años, 1959-1961. Al mismo tiempo, el decano de la facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, el doctor Luis Ospina Vásquez, logró convencer a su rector, Mario Laserna –luego fundador de la Universidad de Los Andes–, para que creara en la Universidad Nacional el departamento de Sociología, adscrito a Economía. El ministro le avisó a Fals su nombramiento como viceministro y, a los cinco días, el rector Laserna le informó que la universidad había aprobado la creación de Sociología y que el Consejo Superior consideraba a Fals Borda como su primer director. No había ninguna imposibilidad jurídica y sí muchas posibilidades prácticas al aceptar los dos cargos, así que los aceptó.
Desde hacía ya un tiempo, cuando era estudiante de doctorado en la Florida, Orlando Fals Borda y Camilo Torres Restrepo se habían reunido de casualidad en Bogotá: el uno, estudiante doctoral en Lovaina, el otro estudiante doctoral en Florida, los dos interesados en los estudios rurales y de acuerdo en la necesidad de trabajar por un cambio social y económico en Colombia. Juntos decidieron cómo empezar de inmediato las clases en Sociología: Camilo fue el profesor de técnicas de los nuevos estudiantes y Orlando fue su profesor de teorías. No había lugar para más maestros en esa época. Orlando y Camilo invitaron a cada estudiante de la veintena que constituyó el primer grupo. Los fondos del ministerio de Agricultura permitían cubrir los costos de las “Monografias sociológicas”, que salieron por decenas, desde la nada, en la universidad, así como facilitaban la financiación de otros costos (los viajes de campo) y servían de apoyo para lograr fondos mayores, como fue el caso de la recuperación o la construcción total de los dos edificios sucesivos que ocupó la facultad. En 1961 se creó la facultad y Orlando Fals fue su decano.
El trabajo de sus dos pilares intelectuales, la calidad de las monografías, la seguidilla de visitantes internacionales, los temas de investigación y la actitud crítica frente a sus maestros europeos y norteamericanos, hicieron crecer el prestigio de la escuela y le dieron un lugar importante en el debate internacional de los sesentas. Su “Programa Latinoamericano de Estudios del Desarrollo” se convirtió en un referente que daría frutos años más tarde. La revisión de las bases epistemológicas, teóricas y metodológicas de una sociología basada en la tendencia social al equilibrio, en el estudio de una sociedad que elude el conflicto como un estado disfuncional, se muestran inconvenientes para entender y actuar en una sociedad como la colombiana, cuya historia de guerra, conflicto y violencia exige otras maneras de acercarse a su realidad y de proponerse el cambio. Orlando Fals Borda y Camilo Torres confluyeron en dos actitudes que fueron la base de todo su trabajo: compromiso y autocrítica. Compromiso con los más necesitados y autocrítica para corregir el rumbo, cuando fuera necesario.
En un momento fundamental de la facultad de Sociología, Camilo se enteró de la existencia de los archivos de la “Comisión Oficial de Estudio de las Causas de la Violencia”, conservados por el secretario de esa comisión gubernamental, monseñor Germán Guzmán, en esa época párroco del municipio tolimense del Líbano. Viajaron a buscar a Guzmán y con él decidieron que vendría a Bogotá, para trabajar con ellos en la facultad de Sociología, en donde se instaló muy pronto, con archivo y todo. La fase de trabajo intenso, que llevó a la publicación del primer tomo de La Violencia en Colombia, no se conoció por casi nadie, debido a que ellos decidieron publicar todos los documentos con nombres propios, lugares, fechas exactas, y con un paquete impresionante de fotografías y datos primarios. Los tomos sobre la violencia terminaron con recomendaciones para todos, lo que incluyó, además del gobierno, a la iglesia, a la universidad, a los militares, al sector privado, a la sociedad en su conjunto.
Pero, sobre todo, la revisión, análisis y publicación de este archivo reforzó la perspectiva crítica de Fals y de Camilo y los enfrentó a la necesidad de buscar cómo explicar, cómo entender, cómo actuar sobre la violencia colombiana, un monstruo de cien cabezas. Estos tomos de la violencia en Colombia fueron un punto de inflexión de sus vidas, ya bastante zarandeadas por sus propias experiencias y sus convicciones. Pero fueron también la razón de muchos de los odios y persecuciones posteriores, como lo ilustró Orlando Fals con detalle en la “Introducción” del tomo II. Pero, para ellos dos, los principios de compromiso y autocrítica cobraron más sentido que nunca.

La vida universitaria se agotó y las luchas internas cada vez fueron más tensas para quienes pretendieron romper con los hilos de dependencia del pensamiento social europeo y norteamericano y aspiraron a cumplir con otros objetivos. Así que Orlando Fals Borda abandonó la universidad. Su prestigio le permitió acceder de inmediato a un cargo en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, desde donde regresó al cabo de un par de años a Bogotá, para fundar, con un grupo de colegas colombianos que había conocido en un foro en Ginebra, la “Fundación La Rosca de Investigación y Acción Social”. Ellos, además de Orlando Fals Borda, eran Augusto Libreros Illidge, Gonzalo Castillo, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Ucrós y, en su primera salida pública, los acompañó Carlos Duplat. La Rosca jugó en grande, pues lograron fondos del ministerio de Desarrollo Económico del gobierno de Holanda y de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos, con lo que dividieron el país en regiones, de las que se responsabilizó cada uno: Fals, en el Caribe; Libreros, en el Pacífico; Castillo, en el Tolima; y Bonilla, en el Valle y el sur del país. Ucrós falleció muy pronto, en un accidente. Crearon una editorial que publicó libros de mucho impacto, como En defensa de mi raza de Manuel Quintin Lame, Siervos de dios y amos de indios de Víctor Daniel Bonilla, entre otros muchos. Pero uno de los pasos más arriesgados fue el de entrar a formar parte de la Revista Alternativa, con Gabriel García Márquez y sus otros socios.
En abril de 1971, La Rosca realizó cursos de formación y educación popular, entre ellos uno para maestros en Barranquilla, de donde salió un pequeño libro que se llama Por ahí es la cosa, cuya dedicatoria ya mostraba con claridad la visión y la intención del grupo: “A los Maestros de Primaria y Secundaria de Colombia, llamados a cumplir una tarea fundamental en el proceso de Liberación Popular”. El artículo que abre el libro es de Orlando Fals, y se llama “La educación en el proceso revolucionario”. En estas páginas, Fals explica su concepción de lo que él denomina las diversas corrientes de la educación, una introducción a lo que poco a poco –y con base en la experiencia– se fue componiendo como la Investigación-Acción Participativa. El 6 de marzo de 1972, Orlando Fals Borda llegó al departamento de Córdoba “previo acuerdo con el Comité Ejecutivo de la ANUC [Asociación Nacional de Usuarios Campesinos]”, y se quedó 14 años, mientras armaba y escribía la Historia doble de la Costa, una inmensa obra colectiva, compuesta bajo su responsabilidad.
En esos años, los campesinos de Córdoba y parte de Sucre se habían organizado y tenían objetivos bien definidos, para acceder a la tierra, que habían perdido o que no habían podido obtener. Fals propuso cambiar el nombre de ‘invasiones’, con el que se describían las acciones por la tierra, por el de ‘recuperaciones’, en la medida en que la mayoría de esas tierras que no producían habían sido arrancadas a los abuelos o a los padres de los actuales reclamantes. Para demostrarlo, propuso hacer una historia crítica regional, que les permitiera a los campesinos conocer los procesos por medio de los cuales se habían construido las grandes haciendas y se pudiera desglosar, hacia el pasado, la historia de cada lugar en la región. Las familias no sólo entregaban sus recuerdos y los viejos contaban sus experiencias, sino que, en muchas oportunidades, alguien llegaba con documentos que traía de los baúles de su casa, para contribuir a la clarificación de los procesos.
La región en la que se movilizó la gente de La Rosca y de la Fundación del Caribe, con la muy importante dirección de Orlando Fals, está comprendida hoy por muchos territorios cuyos habitantes hacen esfuerzos por superar la violencia, a que fueron sometidos por décadas, y tratan de reconstruir sus vidas y la de su naturaleza golpeada y arrasada. Muchas mujeres desconocidas han estado, desde el siglo XVI, enfrentando las agresiones y el despojo constante de sus tierras, de su naturaleza, de sus vidas y las de sus familias. Las destacadas y ejemplares Juana Julia Guzmán, Felicita Campos, María Barillas –y muchas otras–, nos educan con su ejemplo y su inteligencia, a pesar de que ya no están vivas. El recuerdo de los procesos de recuperación de tierras que llevaron al establecimiento de los baluartes, esos lugares que recuerdan al ‘Boche’ Manuel Hernández, a Juana Julia, a Vicente Adamo, son testigos vivos de lo que se puede lograr con el trabajo colectivo, la unidad, la persistencia y el trabajo complementario.
El grupo más constante de campesinos e intelectuales, hombres y mujeres, que estuvo con Orlando Fals Borda, quien era el investigador de La Rosca y con los miembros de la Fundación del Caribe, quienes trabajaban en colaboración estrecha con la Asociación Municipal de Usuarios Campesinos de Montería y la Asociación Departamental de Usuarios Campesinos de Córdoba, fue superior a las cien personas, hombres y mujeres, muchos asesinados por su defensa de la tierra y de los derechos de la gente, otros, muertos por viejos. Pero al recorrer hoy la región en la que Orlando Fals realizó su trabajo en esos años, por los caños, ciénagas, llanos y lomas regionales siempre hay una comadre y unos ahijados que lo recuerdan con cariño. Desde la fundación de la ANUC –la de los campesinos, con todos sus segmentos y diferencias–, hasta hoy, estas personas, hombres y mujeres, son maestros y ejemplo para los nuevos luchadores por la tierra y por la construcción de una sociedad más amable para todos.
En el presente, se oye con naturalidad utilizar conceptos como recuperación crítica de la historia, devolución sistemática, sentipensamiento o cultura anfibia. Están descritos en la Historia doble de la Costa, un ejercicio de coherencia con las luchas por la tierra, una visión histórica de los procesos sociales y políticos en una región de la costa Caribe colombiana, desde varias perspectivas, que se concretaron en cuatro tomos, estructurados mediante la combinación de dos canales paralelos e interdigitados: por uno de ellos, las vidas y experiencias de las personas y las comunidades que crean la vida cotidiana en estos lugares (“el relato, la descripción, el ambiente, la anécdota”¹). Por el otro, la interpretación de esos procesos desde una visión analítica, capaz de proponer alternativas y descubrir las soluciones técnicas, sociales, políticas y culturales generadas por la gente a través de sus vidas (“la interpretación teórica respectiva, los conceptos, las fuentes y la metodología y, a veces, resúmenes”²). Los cuatro volúmenes se presentaron en un lapso de siete años, entre 1979 y 1986³: 1. Mompox y Loba; 2. El presidente Nieto; 3. Resistencia en el San Jorge; 4. Retorno a la Tierra.
Una obra del alcance y las pretensiones de la Historia doble de la Costa no podía ser el producto del trabajo de una sola persona, de manera que en las diversas fases del trabajo hubo un equipo de campesinos e intelectuales locales, quienes recogieron información y plantearon alternativas y opciones, como lo presentó Orlando Fals Borda en su Canal A, en todos los tomos. Esta fue la semilla de Fals Borda, cuyos frutos son memoria y continuidad de la lucha, que sólo termina cuando podamos disfrutar de una sociedad en paz, de una cultura propia, de unos saberes compartidos entre todas nuestras diferencias, de un mundo que privilegie a la gente y a la naturaleza, en el que el amor y la ternura nos transformen.
Sin embargo, el miedo, los celos, la envidia, la falta de visión y de entendimiento, 36 llevaron a que, además de los ataques que llegaron desde los hacendados y los grupos de misioneros que temieron que sus fondos se desplazaran a la gente de La Rosca y de la Fundación del Caribe, los grupos políticos de izquierda que habían recibido con entusiasmo el arribo de las fundaciones y sus posibilidades para todos, se pusieran en su contra y desplegaran una fuerte oleada de calumnias, persecuciones, falsas denuncias y trataran de hacerle la vida imposible, en primer lugar a Orlando Fals Borda, y luego a todos los miembros o relacionados con las fundaciones o su trabajo en la región. La intención del Comité Ejecutivo de la ANUC de intentar convertirse en un partido agrario, no compartida por Fals y los directivos de las fundaciones, hizo que los pequeños partidos de la izquierda local se crecieran para atacar y destruir, y, en parte, lo lograran.
Orlando Fals regresó a la universidad, por un tiempo corto, y publicó sus nuevos intereses, nacidos también a partir de la experiencia en Córdoba: La insurgencia de las provincias (1988), Región e Historia (1996), Acción y espacio (2000), sus reflexiones sobre el ordenamiento territorial, la autonomía regional, la necesidad del equilibrio regional. Mientras trabajaba en estos temas, surgidos de su participación en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, organizó con todas sus fuerzas el Congreso Mundial de la IAP, celebrado en Cartagena en 1997. Atrás quedó la persecución cerrera, el insulto y la calumnia, la cárcel. En esta última estuvo muchas veces, su Nissan-Patrol blanco, presente en las recuperaciones de tierras, era conocido por la policía cordobesa, algunas veces conducido por su esposa María Cristina Salazar. En el gobierno de Julio César Turbay, él y María Cristina fueron detenidos. La inmediata reacción internacional obligó a Turbay a pedir a los militares su liberación, pero, según lo entendió Fals, mantuvo a su esposa María Cristina detenida un poco Bibliografía más de un año, en una acción de reto y de venganza.
La izquierda y la derecha no pudieron con Orlando Fals Borda. No respondía a ningún modelo, pues podía ser el más humano de los hombres y, al momento, ser el más increíble, por su trabajo, sus alcances, sus visiones. Era un hombre libre y pleno de amor y de ternura, a la vez que un luchador constante y duro. Siempre tuvo tiempo para la belleza, para el espíritu, para el amor sin condiciones. Tampoco se negó a atender los llamados del Consejo Mundial de Iglesias, al que asistió con Paulo Freire, atentos a la tarea ecuménica de identificar y formular una ética política eficaz. El 16 de enero de 2002, en la Primera Iglesia Presbiteriana de Barranquilla, Orlando fue sorprendido con la interpretación de dos de sus cantatas: “El tercer día” (sobre el tema de la resurrección) y “Mensaje a Colombia” (mensaje religioso y político de esperanza), compuesta el 9 de abril, tras el asesinato de Gaitán. Murió el 12 de agosto de 2008, a los 83 años, en Bogotá.
Bibliografía y referencias
¹ Así describe Orlando Fals Borda el Canal A, en la Advertencia sobre la estructura de sus libros.
² Así describe Orlando Fals Borda el Canal B, en la Advertencia sobre la estructura de sus libros.
³ Orlando Fals dijo, en 1989, que el proceso de construcción colectiva de esta tetralogía había durado 14 años de trabajo en la zona, entre playones, ríos, bosques, poblados, veredas, recuperaciones, cultivos y esperanzas.
Cendales, Lola; Torres, Fernando y Torres, Alfonso (2009, 2012). “Uno siembra la semilla pero ella tiene su propia dinámica”: Entrevista a Orlando Fals Borda [original de 2004]. Maestras y maestros gesotres de nuevos caminos, Cuadernillo (49): Orlando Fals Borda o la democracia radical (en memoria 1925-2008), pp. 12-55. Recuperado a partir de https://es.scribd.com/document/213352017/ Entrevista-a-Fals-Borda-Uno-Siembra-La-Semilla; y Herrera Farfán, Nicolás Armando y López Guzmán, Lorena (comps.). Ciencia, compromiso y cambio social: Orlando Fals Borda, antología. Buenos Aires, El Colectivo-Lanzas y Letras-Extensión Libros, 460 p. (pp. 25-44). Recuperado a partir de https://editorialelcolectivo.com/producto/ciencia-compromiso-y-cambio-social-orlandofals-borda-antologia/
Fals Borda, Orlando (2008). El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivariana: Investigación Acción Participativa. Caracas, Funsación Editorial El perro y la rana, 120 p. Recuperado a partir de http:// www.elperroylarana.gob.ve/libros/el-socialismo-raizal-y-la-gran-colombia-bolivariana-2/
Negrete, Víctor (2007). Lucha por la tierra y reforma agraria en Córdoba. Montería, Universidad del Sinú, 194 p.
Parra Escobar, Ernesto (1983). La investigación-Acción en la Costa Atlántica: evaluación de la Rosca, 1972-1974. Cali, Fundación para la Comunidad Popular (FUNCOP), 218 p.




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