Por: Rafael Téllez Sánchez
Profesor, Escuela de Economía y Administración UIS. Investigador, Grupo de Investigación GIDROT UIS¹
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¿Reordenamiento mundial?, o ¿nuevo reparto del planeta? La complejidad y velocidad de los acontecimientos internacionales constituyen el rasgo principal de la coyuntura actual, caracterizada por la ruptura de los equilibrios geopolíticos y geoeconómicos de los últimos cincuenta años, al interior del mundo capitalista, y entre este y los mundos oriental, eurasiático y sur global. Dos tipos de rupturas: en primer lugar, la que está en curso al interior del sistema capitalista, gobernado hegemónicamente (hasta el 2025) con la ficción del “libre mercado” global, y políticamente por la hegemonía euroestadounidense del progresismo (poshumanismo, wokismo, posfordismo, entre otros), como pilares de la democracia neoliberal sustentada en el pensamiento único posmoderno.
En segundo lugar, la ruptura de la dominación hegemónica euroestadounidense con relación al mundo euroasiático, asiático y el sur global. Esta da paso a la transición hacia un orden multipolar, del cual tenemos las primeras pinceladas de un régimen de acumulación² (Harvey, 2004) y “modo de regulación” híbrido, cuya arquitectura está en boceto, haciendo flotar la relación desarrollo económico-democracia, en cuanto tiene que ver con la redefinición de la distribución del ingreso, asociado a la democracia.
En este sentido, los dos tipos de rupturas referidos, redefinen las prioridades de corporaciones y holdings, centrándose en el relanzamiento de la acumulación capitalista burguesa (Estados Unidos, Rusia, Europa), ahora combinadas con la ampliación de la base material del modelo socialista de mercado de China y el neosocialismo progresista (Brasil, Sudáfrica, India)³. Se configuran así estrategias híbridas de regulación de las tensiones por la distribución del ingreso y la riqueza mundial y nacional. En este punto, las nuevas élites hacen redituable la desigualdad social y la pobreza, cuya espacialidad permite avizorar el nuevo reparto del planeta. Estos constituyen los rasgos de una nueva fase de acumulación, reconfiguración espacial de la distribución de riqueza e ingreso, atadas a la geopolítica germinada con la guerra Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)-Rusia en Ucrania, y atisbada por el relato en que se ha convertido la estrategia del presidente Donald Trump.
Al respecto, la triada EE. UU.-ChinaRusia, tiende a consolidar una especie de organización “neofordista”, una fase “post” a la que refirieron los economistas franceses en los años noventa del siglo pasado (Michel Aglietta, Robert Boyer, Alain Lipietz), y que en la fase actual perfila escenarios tendenciales proyectados hacia reindustrialización estadounidense y europea, en un contexto de neoproteccionismo arancelario en favor de la sustitución de importaciones centrada en unas relaciones políticas internacionales de corte transaccional. En este caso, el capitalismo se aboca a un nuevo “modo de regulación” que integra un orden social asociado a restricciones de los flujos migratorios⁴, en un momento de agudización de la guerra Ucrania-Rusia.
En este contexto, se instaura una regulación con restricción del comercio internacional (Shepherd, 1970, p. 276) a partir de la imposición unilateral de aranceles, en un 25 % por Estados Unidos a la entrada de productos, para equilibrar su balanza comercial; no sólo induce la guerra comercial, sino que desintegra o interrumpe las cadenas de suministro transfronterizas, como el caso México-Estados Unidos y Canadá-Estados Unidos.
En el caso de la estrategia de paz Rusia-Ucrania e Israel-Hamas, a cambio de rentas de ubicación, la ideología del nuevo ideal americano (new american dream) enfrenta contradicciones propias del sistema compartido por la triada Estados UnidosChina-Rusia, lo que sin duda cambiaría el mapa geopolítico, con el rezago de Europa y la exclusión de América Latina y el Caribe, África, Oriente Medio (incluyendo Turquía) y el sudeste asiático.
De otra parte, es un reconocimiento generalizado de que la guerra en UcraniaRusia, iniciada en 2022, ha reconfigurado no sólo el tablero geoestratégico, sino geoeconómico, abriendo nuevos escenarios de competencia capitalista intercontinental a través de bloques económicos y entre sectores y élites, atravesada por una crisis energética europea sin precedentes, calificada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como “large-scale energy shock”⁵, particularmente por sus efectos estructurales en la desindustrialización de Alemania, Reino Unido y Francia, debido a la interrupción del suministro de combustibles (especialmente gas), dadas las sanciones impuestas a Rusia.
En este caso, aunque esta guerra no es el único factor causal, sí incidió de manera importante en la baja del crecimiento (las tasas de acumulación) de la economía mundial, de un 5 % en 2021 a 3.1 % en 2025⁶, y ralentizó la economía norteamericana, frenando la movilidad de capital y la inversión productiva, con excepción del complejo industrial militar, que creció 1.3 en el caso de EE. UU. y tres veces en el caso de Rusia.

Lo planteado hasta aquí, es apenas un esbozo de una crisis cuya complejidad requiere ser explicitada a mayor profundidad, que no es posible en este espacio. Sin embargo, puede, de manera provisional, resumirse en tres factores explicativos geolocalizados en la situación actual con “el efecto Trump”, todos, en el marco del relanzamiento de la acumulación capitalista.
En primer lugar, la ralentización de la economía europea, que sólo podía sostenerse en un débil pilote, consistente en el superávit de USD 23 000 millones en su balanza comercial con Estados Unidos, para el cual significa un déficit que sobrepasa los 27 000 millones de dólares (Eurostat, 2023), por lo que la Unión Europea dejó de ser una opción para los Estados Unidos, aunado al resquebrajamiento del relato ideológico progresista. Al respecto, la reacción del gobierno estadounidense tensó al límite las relaciones comerciales transatlánticas, que venían debilitándose desde 2022, con la imposición de aranceles a las exportaciones de acero, aluminio y productos agrícolas de Europa por USD 6400 millones de dólares (BM, 2022), por parte de los EE. UU. En este contexto, la crisis capitalista se profundiza desintegrando el sistema global y atomizando la reproducción social, ya debilitada por la destrucción de la relación salarial. De esta manera, la ruptura transatlántica Europa-Estados Unidos posterga, en el mediano plazo, el relanzamiento de la acumulación, para lo que no basta un mercado con 440 millones de consumidores, 23 millones de empresas, un 17 % del PIB global y altos niveles de educación, salud, protección ambiental, esperanza de vida y baja mortalidad infantil⁷.
En segundo lugar, la prolongada crisis capitalista tuvo que ver con el proceso de destrucción del empleo (1970-1990) y el largo y doloroso proceso de reinvención del mundo del trabajo, que ha implicado una nueva división espacial, afectando de manera espacialmente desigual⁸ la tasa de la ganancia, en cuanto desintegró-dispersó los mercados laborales, lo que paradójicamente frustró la realización total de la plusvalía. Así, la fase posfordista de acumulación, entre 19802020, centrada en la regulación de la relación capital-trabajo, llevó a la disminución del trabajo vivo (desempleo), sin disminución del salario, lo que condujo a acelerar la tendencia decreciente de tasa de la ganancia.
Por lo tanto, el capitalismo se vio impelido a reinventar el mundo del trabajo, centrado en el aumento de la productividad, a través de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y las plataformas digitales, hasta llegar a la inteligencia artificial (IA), que trajo como consecuencia la universalización de la precarización laboral (subempleo, informalidad, entre otros), la desregulación y la competencia entre trabajadores por los espacios de generación de ingreso. En estas circunstancias, se requirió de un espacio global para la realización de la acumulación, lo que, a su vez, conduce a la multi-localización de los procesos de producción, a través de la línea de ensamblaje y la maquila (Harvey, 2004), una nueva estrategia de universalización de la relación mercantil, llevándola hasta la producción privada de la vida y las ideas, a través la IA.
Con todo, las tasas reales de acumulación reflejaron indicadores negativos de valorización o rentabilidad de las bolsas de valores, hasta configurar la dualidad de una economía real y una economía financiera, fuente de la “burbujas” que recurrentemente empujaron períodos de crisis globales, exacerbadas por los efectos de la pandemia de covid- 19. En el caso de Europa, de hecho, Draghi (2024) diagnosticó los efectos nocivos de la “fragmentación de mercados de capitales”, que impidió capitalizar el excedente, dado que la tendencia decreciente de las tasas de ahorro, variable que atenuaría la “ley de la tendencia decreciente de la ganancia (LTDTG)”, formulada por Karl Marx⁹, y que agravan el estancamiento europeo, llevando a aumentar la dependencia del endeudamiento privado y público hasta fortalecer la actividad rentística bancaria, en detrimento de la acumulación de capital real (producción de bienes y servicios).
Así, las élites e inversionistas huyeron o se blindaron del alto riesgo de la inversión, en un espacio europeo cercado por la guerra, y sin posibilidades de activar el complejo industrial militar, subordinado a la OTAN. Esta situación presionó el sistema económico de la Unión Europea, impidiéndole cofinanciar con transferencias oficiales la salida a la crisis, dado su reducido presupuesto (1 % del PIB), con una abultada burocracia. ¿Solución? La “emisión de deuda reforzando las reglas fiscales” (Draghi, 2024).
En este contexto, la estrategia Trump se encuentra en un escenario europeo extremadamente vulnerable, necesitado de fluidez financiera y aceleración de cambio tecnológico para responder a la interrupción de las cadenas de suministro. Distinto al escenario económico fronterizo de México con las factorías mexicanas, localizadas en Puebla, Coahuila, San Luis de Potosí, Hermosillo, Nuevo León y Cuautitlán, que albergan la producción de partes para la industria automotriz norteamericana, en la línea de ensamblaje fronteriza, basada en el “just time”, para el suministro de partes de la industria automotriz de Ford, General Motors y Stellantis, localizadas en Kentucky, Michigan y Ohio.
Las implicaciones en el ordenamiento internacional son notorias: de un lado, la hegemonía de dominación “neoimperialista” se centra en la omnipotencia tripolar Estados Unidos-ChinaRusia, mientras el viejo imperio británico y europeo se rezagan en el mediano plazo. De otro lado, la estrategia militar, que acompañaba el control de materias primas y mercados, empieza a encubrirse con la regulación citada en este trabajo, localizadas en la trayectoria de cadenas de suministro de materias minero energéticas demandadas por la nueva ruta de la seda china, los mercados regionales indios y el estadounidense.
Con todo, la derivada del “efecto Trump” se expresa en fenómenos tendenciales deliberada e inercialmente desestructurantes, al tiempo que relieva la naturaleza o esencia del capitalismo como orden social en constante crisis, lo que reedita el debate teórico de la crisis¹⁰.
En el largo plazo, la noción de “ley de la tendencia decreciente de la tasa de acumulación”, acuñada por Marx, ayuda a entender que es precisamente por eso que las élites capitalistas experimentan fuertes tensiones, por lo que terminan agudizando la competencia inter espacial capitalista (interregional). Paul Krugman atribuyó la crisis financiera 2008-2012 a la avaricia y la insaciable codicia de las élites que llevaron a la burbuja hipotecaria¹¹, lo que no es menos realista que las otras posiciones teóricas.
En este contexto, no es tan exactamente previsible un desenlace pacífico del “efecto Trump”. Está por esperarse el impacto de la imposición de los aranceles del 25 %, no sólo en el reequilibrio de la balanza comercial norteamericana, sino en la reducción del valor del dólar, los bonos del tesoro y, por tanto, reducción de la deuda pública, tasas de interés a la baja y estabilización de la inflación de la deuda.
De acuerdo al Banco Mundial, Estados Unidos, en el siglo XXI, se caracteriza por ser el mayor importador del mundo y el segundo exportador, pero su comercio sólo representa el 25 % del PIB. En este caso, las consecuencias pasan por anular o renegociar (reimponer) los catorce tratados de libre comercio (TLC) y los cinco acuerdos comerciales preferenciales (FMI, 2023), al tiempo que empuja a los antiguos socios a diferentes estrategias de diversificación de los negocios¹². En este caso, el comercio internacional se constituye en una estrategia de reacomodamiento y realinderamiento de todas las economías nacionales, en favor del relanzamiento de la acumulación y, por tanto, el fortalecimiento del papel hegemónico de los Estados Unidos en el sistema de una economía internacional, con lo que recupera su naturaleza imperial.
Esta tendencia decreciente de la tasa de la ganancia busca ser detenida, y exitosamente el capitalismo utiliza las crisis, para mover el hilo más frágil: el nuevo mundo del trabajo, sobre cuyos hombros se descarga la solución, sacrificando la calidad de vida. En estas circunstancias, los trabajadores de este nuevo mundo, y los pobres, terminan apoyando a las élites capitalistas, incluyendo los proyectos llamados de “izquierda”, en cuanto a través de sus banderas constituyen a los pobres, como el universo del Estado. El problema es que es un Estado vaciado, fiscal y f inancieramente dependiente del endeudamiento, lo que ayuda a reproducir la pobreza, que es la fuente del poder.
En este sentido, mientras la pobreza tiene tendencias crecientes, las tasas de retorno y las tasas de la ganancia se comportan en saldo positivo, pese a su tenencia a la baja en la crisis de 2008 y la pandemia de 2020-2021, como se muestra en la figura 1. Tendencia similar ocurre con las tasas de crecimiento, afectadas también en la crisis hipotecaria de 2008-2011 y la pandemia por covid-19 (figura 2). Pese a este panorama, la pobreza sí creció de manera importante, según el Banco Mundial (2023)¹³.

Figura 1. Tasas de retorno, según Thomas Piketty.

Figura 2. Comportamiento del PIB 2000-2024, según Thomas Piketty.
Falta mencionar que, sobre esta nueva estructura, se edifica la revolución cultural antiprogresista, la cual constituye la columna vertebral de la nueva geopolítica. Al tiempo que se hacen transparentes los valores morales que desnudan el proyecto socialdemócrata euroestadounidense del poshumanismo, o los progresismos ultraliberales que dominaron los últimos cincuenta años.
Referencias y bibliografías
¹Economista (UCC), magíster en Planificación y Administración del Desarrollo Regional (CIDER, Universidad de los Andes) y especialista en Evaluación Ambiental de Proyectos y Gestión Ambiental (UIS). Director del Seminario de Metodologías de Planificación Regional y Ecología. Miembro de la Red Latinoamericana de Agroecología y director de la cátedra Transición Energética y Paz. Miembro de la Red Iberoamericana de Investigación en Globalización y Territorio. Exasesor ONU-PNUD, delegado de la Conferencia internacional de Paz Costa Rica-Quito. Profesor, maestría en Desarrollo Rural, Pontificia Universidad Javeriana, y de la maestría en Gestión de Políticas Públicas, UIS.
²El concepto de régimen de acumulación capitalista, entendido como “conjunto de regularidades que aseguran una progresión general de la acumulación del capital” (Boyer, 2007, p. 63). Describe la estabilización, en un largo periodo, de la asignación del producto neto entre el consumo y la acumulación, e implica cierta correspondencia entre la transformación de las condiciones de producción y las condiciones de reproducción de los asalariados.
³Recuérdese la tesis del desarrollo desigual y combinado de León Trotsky.
⁴“La regulación es un conjunto de reglas que emite el Estado para regular actividades económicas y sociales. […] Es posible identificar cómo, en los Estados Unidos de América, la economía pura de mercado (liberal) era su basamento, en el que el Estado no tenía presencia o intereses en los mercados. Posteriormente, se buscó corregir y restringir prácticas monopolísticas y restrictivas del libre juego de la competencia, mediante intervención de los poderes públicos. Es en este escenario donde se empieza a hablar de regulación como la forma de intervención estatal” (Schwartz, 1973, p. 7). (T. del A.).
⁵The Economic Times, 2022.
⁶The Economic Times, 2022; BM, 2024; Bloomberg, 2025.
⁷Ver el informe Draghi de la Comisión Europea, sobre competitividad (Draghi, 2024).
⁸De hecho, este articulo hace hincapié en el rezago de Europa, y eso tiene que ver con las tasas de las ganancias y su nexo con los indicadores a la baja de la acumulación. A su vez, debe recordarse con el concepto de composición orgánica del capital, la tesis marxista que planteaba que la tasa de la ganancia comprendía el monto del capital fijo y del capital variable como determinante de distintas cuotas de ganancia dependiendo del sector.
⁹(Marx, 1987). En la literatura de corte neoclásico, le llamarían tasa interna de retorno (TIR).
¹⁰Este debate tiene mucha importancia para ubicar el tiempo-espacio de los fenómenos, ya sean cíclicos o recurrentes. Entre estos podrían señalarse las siguientes acepciones, con sus referencias abiertas: crisis de la globalización financiera (Paul R. Krugman, Paul Samuelson, Joseph E. Stiglitz); crisis de sobreacumulación, sobreproducción y subconsumo (Karl Marx , Claudio Katz); crisis del modelo neoliberal (David Harvey, Michel Aglietta); crisis de la hegemonía estadounidense (Antonio Gramsci, Rafael Téllez); crisis cíclica de la economía mundial (Nikolái Kondrátiev); crisis estructural del capitalismo (Immanuel Wallerstein, Thomas Piketty); crisis sistémica del capitalismo (James F. Petras, Henry Veltmeyer, Jorge Beinstein, Armando Bartra); crisis civilizatoria (Franz Hinkelammert, Wim Dierckxsens).
¹¹The New York Times, 2012.
¹²Los principales socios de exportación del país, en 2022, fueron Canadá (17.2 %), México (15.7 %), China (7.5 %), Japón (3.9 %), Reino Unido (3.7 %), Países Bajos (3.5 %) y Alemania (3.5 %), mientras que las importaciones procedieron principalmente de China (17.1 %), México (13.6 %), Canadá (13.2 %), Japón (4.6 %), Alemania (4.5 %) y Vietnam (4%), según datos Comtrade. Las principales exportaciones estadounidenses en 2022 fueron los aceites refinados de petróleo (6.6 %) y los gases (5.7 %), seguidos del petróleo crudo (4.7 %), los automóviles (2.8 %) y los circuitos electrónicos integrados (2.5 %), mientras que las importaciones en el mismo año incluyeron los aceites de petróleo (6.1 %), los automóviles (5 %), las máquinas automáticas de procesamiento de datos (3.8 %), los dispositivos de sistemas telefónicos (3.7 %) y los medicamentos (2.7 %).
¹³En 2022, un total de 712 millones de personas vivían en la pobreza extrema en todo el mundo. Un aumento de 23 millones, en comparación con 2019.
Boyer, Robert (2007). Crisis y regímenes de crecimiento: una introducción a la teoría de la regulación [2004]; trad. de Irene Brousse. Buenos Aires, Miño y Dávila Editores-Ceil Piette Conicet, 128 p.
Draghi, Mario (2024, septiembre 17). El informe Draghi sobre la competitividad europea. Comisión Europea, Estrasburgo. https://commission.europa.eu/topics/eu-competitiveness/draghi-report_en
Harvey, David (2004). El nuevo imperialismo [2003]; trad. de Juanmari Madariaga. Madrid, Akal, 176 p.
Marx Karl (1987). El capital, tomo III; trad. de Wenceslao Roces. México, Fondo de Cultura Económica.
Schwartz, Bernard (1973). Economic Regulation of Bussiness and Industry; 5 vols. Nueva York, Chelsea House Publishers, 3772 p.
Shepherd, William G. (1970). Utilities Regulation: New Ideas and Theories, en: Market Power and Economic Welfare: An Introduction. Nueva York, Random House, 302 p.
Shepherd, William G. y Gies, Thomas George (1966). Utility Regulation: New Directions in Theory and Policy. Nueva York, Random House, 284 p.
Consultas de referencia abierta:
The New York Times (2012)
The Economic Times (2022)
Eurostat (2023)
FMI (2023)
BM (2022, 2024)
Bloomberg (2025)




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