Por: Rafael Téllez
Profesor, Escuela de Economía y Administración UIS. Investigador, Grupo de Investigación GIDROT UIS¹
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A comienzos del siglo XXI, Baudrillard decía que esta era hipermoderna, se caracterizaba por la obsesiva búsqueda de transparencia total e información constante, con la pretensión de acabar el mal, pero que lejos de eliminarlo “lo disuelve y lo neutraliza, transformándolo en un principio de desequilibrio, vértigo y extrañeza radical que anega la sociedad, volviéndola paradójicamente más inerte y menos moral, donde lo siniestro se manifiesta en el exceso y el desborde de los sistemas, no en su opacidad, llevando a una fascinación por lo extremo y lo catastrófico como escape del consenso mortífero” (Baudrillar,2000).
Este trabajo hace parte del texto próximo a publicarse titulado como “Ruptura Global”, resultado de la investigación geopolítica y relatos de modelos estratégicos de desarrollo en el siglo XXI.
Una cuestión que ha de considerarse, ante todo, es que estamos frente al choque de tres culturas: Occidente, Asia oriente y Medio oriente. Ello tiene profundas implicaciones en los análisis y juicios de valor alrededor de las tensiones geopolíticas, en tanto cada sistema cultural se identifica con representaciones y/o categorías diferentes que es necesario entender para indagar el sentido de las cosmovisiones que están detrás de las estrategias de posicionamiento geoestratégico. Por ejemplo, las categorías derivadas de la filosofía o teorías liberales de la modernidad occidental como el estado, la democracia, la igualdad, la ciudadanía, los derechos, equidad de género, la propiedad privada, etc., con que se construye la narrativa de estas sociedades, no aplica para valorar o analizar y, menos juzgar, la sociedad y sistemas sociales como China, Irán o Arabia, o comunidades africanas. Es necesario colocarse frente a “las tres Culturas”.
Probablemente cuando se publiquen estas notas, muchas o algunos fenómenos se mantengan, otros hayan cambiado o no estén vigentes, pero de todos modos se hace el esfuerzo por un enfoque prospectivo que muestre las rupturas y continuidades de largo plazo, por ello, esta parte I tiene su alcance limitado a la descripción del entramado de sucesos y fenómenos de reciente ocurrencia, considerados como portadores de señales de escenarios futuros en la geopolítica, con la intención de provocar la contrastación y debate.
Dada la confusión e incertidumbre que los últimos acontecimientos internacionales han provocado, conviene preguntarse ¿De dónde provienen las tensiones y guerras que caracterizan la geopolítica en curso? ¿Dónde y en qué desembocarán? ¿Dónde está el locus de control? Para ello es necesario desentrañar las intenciones y pasiones de los protagonistas, independiente de sus valores culturales. Una repuesta preliminar, siguiendo a Krugman, es la avaricia, como raíz de todos los males, la transparencia del mal. No obstante, la complejidad e importancia del asunto, se demanda una respuesta, pues hace parte del entorno de toma de decisiones a nivel individual, social o corporativo, empezando por rastrear los focos principales de la ruptura global.
¿Estamos asistiendo a un mundo desconocido? Pues, no. Es el mismo con la misma naturaleza perversa, las mismas pasiones de los hombres de toda la historia de la humanidad. Lo que ha ocurrido es que ignoramos los límites, la finitud de las intenciones de todo discurso, olvidando que siempre es superado por la realidad.
1. Focos de tensión en el borde de la ruptura
En muy corto tiempo, los Estados Unidos desató el más profundo y complejo caos mundial del último siglo, desmoronó el pacto de la posguerra con el cual se regulaban todos los conflictos, diferencias y tensiones, el sistema institucional ha entrado en desuso hasta poner en riesgo el planeta.
La ocurrencia “ipso facto” de sucesos como la invasión estadounidense a Venezuela, el deliberado estallido social en Irán y reactivación de la tensión bélica con EEUU – Israel-; la inédita tensión por la estrategia de anexión de Groenlandia, la reactivación de tensiones territoriales comerciales y tecnológicas con China alrededor de Taiwán.
La tensión geoestratégica derivaba de la presencia comercial, financiera, tecnológica y de infraestructura china en sur América en el marco de la franja y la ruta en Brasil cuyo comercio bilateral llega a US$150.000 millones/año, Chile, Argentina Perú (Puerto de Chancay), constituyéndose así en un factor de geoposicionamiento y balance estratégico en el “patio trasero” de los EEUU. Allí China ha colocado más US$340.000 millones de dólares en infraestructura portuaria, (Chancay) vías férreas, carreteras de interconexión de las cadenas de suministro de minerales como cobre chileno y ampliación extraterritorial de la frontera agropecuaria producción de Soja brasileña y Argentina para la exportación, lo cual se complementa con ayuda financierocrediticia por varios millones de dólares a Venezuela (US$50 billones), a Ecuador (US$17 billones) a Argentina (US$11 billones).
Las centrales emplazamientos hidroeléctricas y tecnológicos para inteligencia artificial, telecomunicaciones, energías renovables, hidrógeno, minería o procesamiento de minerales completan la estrategia de expansión internacional de China lo cual aumenta la presión al crecimiento agroindustrial alimentario para satisfacer más de 1.400 millones de personas. Así mismo la expansión china a occidente asegura la satisfacción de la demanda petrolera y gasífera de Oriente Medio (cuenca del Golfo pérsico) combustible indispensable para la locomotora industrial china; hacia indonesia se completa el objetivo geoestratégico de su presencia en Asia – pacifico y Eurasia para el acceso al gas y petróleo ruso.
En otra orilla del mundo el reescalamiento de la guerra Rusia -Ucrania con los misiles Oreshnik acerca la derrota definitiva de Ucrania con efectos tangibles en países fronterizos, debilitamiento de la influencia de Alemania, Reino Unido y Francia. Estos sucesos constituyen un foco vertebral que debilita a la OTAN y fortalece la capacidad del complejo industrial militar ruso (que reemplazó al pacto de Varsovia) apalancado en el control territorial de las reservas minero energéticas más grandes del mundo.
Se configura así un escenario mundial inédito, que no estaba antes de 2022, un nuevo balance estratégico del orden mundial, tripolar, que genera un riego existencial no calculado, pues dada la conexión de todo, la distancia entre las guerras proxi que se libran en Ucrania, Oriente Medio, el Caribe, Somalia, y una III guerra mundial nuclear, esa distancia parece acortarse hasta una delgada línea disuasoria que parece no evitar la confrontación nuclear. Los emplazamientos nucleares de las tres potencias nucleares configuran el riesgo de la especie humana y permea la preocupaciones y perspectivas de salidas posibles en el corto plazo.
Así se configura la ruptura del sistema global a escalas y niveles jerárquicos distintos: en el primer nivel, está la tensión entre las tres potencias nucleares (EEUU. China, Rusia) cuyos movimientos y potencial poder e influencia se define la arquitectura del orden mundial que genera dinámicas espaciales de tensiones materializadas en conflictos territoriales pasados por guerras proxi (Ucrania-Rusia; Irán- Israel, Arabia Saudita- Somalia, etc.) y, un tercer nivel de tensiones está en conflictos armados internos como el de Colombia, Sudan, Somalia, Níger y Burkina Faso.
En este contexto, se perfilan escenarios cuyas trayectorias de corto plazo apuntan a un nuevo balance geopolítico caracterizado por el debilitamiento de la supremacía estadounidense, que ya no es. El hegemón del pasado siglo ya no es EEUU, la irrupción de China en el escenario de la carrera tecnológica, económica – militar y el reposicionamiento de Rusia en tablero geopolítico-militar están trayectorias disruptivas.
En consecuencia, subordinado al curso de estas tensiones por el reparto del planeta, en el corto plazo, cinco escenarios siguen caracterizando la inestabilidad geopolítica: a) la continuidad de la crisis de inestabilidad institucional y política de Venezuela y las repercusiones de incertidumbre en el mercado de petróleo; b.) inestabilidad de la economía global por incertidumbre en precios del petróleo y debilitamiento de la inversión (des acumulación) con tendencia de precario crecimiento, por la creciente volatilidad de los mercados de rentas variables como las bolsas de valores; c.) la competencia estratégica EEUU – China por el control de la IA, las cadenas de suministro y la economía digital; d.) la continuidad de las tensiones y conflictos en Oriente Medio (movimientos sociales de insurrección) y escalamiento de guerras civiles en Yemen, Burkina faso, Sudan, Nigeria; e.) la crisis sistémica europea, matizada por su implicación asociada a las tensiones por la anunciada invasión de EEUU a Groenlandia dada su adscripción a la OTAN debilitada.
En este contexto, el papel de Europa es marginal subordinado a los movimientos de EEUU en un contexto de profunda crisis estructural por el agotamiento fiscalf inanciero y su fallida estrategia de promoción de la guerra contra Rusia en un momento de debilitamiento de las cadenas de suministro en un momento desindustrialización europea profundiza la crisis económica. No obstante, Europa es importante y necesaria en la búsqueda de la estabilidad disipada en el caos desencadenado por EEUU en su estrategia arancelaria comercial desde 2025 y su retirada parcial de la OTAN, así como la derrota en Ucrania.
2. Perspectivas existenciales en todo el sistema
Sin duda, este es un formidable reto para la paz mundial y la restauración del orden multinacional, puesto que, paradójicamente, nos movemos en un océano de información y fake news, que es el otro escenario de los conflictos, pues en las guerras, la primera víctima es la verdad según Esquilo el dramaturgo griego (556 a. C.), lo cual es crítico en el entorno de la toma de decisiones, permeadas por las transformaciones en curso, movidas por vientos de guerra. Adicionalmente, la velocidad de los acontecimientos evidencia el acortamiento del tiempo – espacio, en términos de materia, energía e información. Las trayectorias de los acontecimientos son cada vez más inaprehensibles, excepto por los dispositivos de la física cuántica, por ello la importancia de la ciencia de datos e IA. Con todo, no se logra eliminar la incertidumbre. Este es el principal desafío de diseño de escenarios de mediano y largo plazo, donde la certeza es la incubación y germinación de lo nuevo, aunque no lo podamos mapear.
El problema es que los metarelatos ideológicos que profusamente circulan en el ciberespacio se alejan del complejo mudo real (su carácter ontológico y metafísico), más bien, encubren los algoritmos codificados de las normas técnicas de consumo masivo que incorporan como meta relatos para instrumentalizar a la sociedad de consumidores falazmente movilizada como ciudadanos. Debido a esto, la gente como víctima sufre lo que pasa, pero no sabe lo que le pasa, pero son representadas subliminalmente como sujetos libres de derechos. Es allí donde se diluyen las representaciones simbólicas de sociedad global como falsa certeza de seguridad y estabilidad con las cuales el séquito de todos los emperadores engaña a multitudes. Estas representaciones, hoy son sustituidas por lenguajes subliminales que ocultan el “locus de control” del orden digitalizado (codificado) en las plataformas digitales de reconocimiento facial (es decir, de control), que encubren las motivaciones estratégicas detrás de cada movimiento en el tablero geopolítico.
Esto nos hace perder noción ontológica (Aristóteles, Heidegger) del mundo percibido con los sentidos y artefactos de la cultura ordenados por categorías; así como la noción metafísica (Aristotélica y Kantiana) encargada de juicios de valor (subjetividad) que pueden llevarnos a descubrir las pasiones e intenciones y, de esa manera formular las preguntas adecuadas sobre la limitaciones posibilidades de saber quién o quiénes los autores y cuales sus motivaciones, acerca de lo que sucede en el entorno mundial o cósmico.
En realidad, la aprehensión en tiempo – espacio – información de la realidad, aunque limitada da cuenta de su finitud, su historia y, por lo tanto, la temporalidad del apogeo y el declive de los imperios. Es la superficial y corta cosmovisión la razón por la que ignoramos la entropía, como caos organizado del sistema mundo, reflejo del movimiento sinérgico de fuerzas materiales (materia, energía e información) que dan forma y describen trayectorias, historia de lo que experimentamos como seres con relación a los sistemas sociales y naturales. Es decir, la complejidad de los acoplamientos y desacoplamientos entre sistemas naturales y sistemas culturales, pero también, el incesante proceso de muerte y vida, de caducidad y renovación, como si fuera un diseño inteligente bajo ignoto control.
En este sentido, se requiere un giro epistemológico apoyado en la ciencia de datos²con el objeto de identificar señales de resiliencia, atributo indispensable para la gestión de la convivencia hombre – naturaleza y, entre los hombres o el balance entre las presiones ecológicas y las presiones reproductivas.
Entonces, queda claro que la realidad en movimiento no se agota en los textos, por lo que es necesaria una epistemología de la complejidad para identificar fisuras en los desacoplamientos y mutaciones que dejan obsoletos los artefactos y representaciones simbólicas del pasado desarrollo. Como las incesantes olas y tsunamis traen del fondo de los océanos pedazos de naufragios que ayudan a armar el rompecabezas y aventurar probables trayectorias futuras. Así la entropía, como caos controlado libera potentes fuerzas naturales y humanas regeneradoras de orden.
Esta época o fase de desarrollo está igualmente afectada, como las anteriores, por la tensión entre las presiones ecológicas y reproductivas (demográficas), mediadas por la evolución de los sistemas culturales, que han buscado bienestar material y espiritual. En todos los casos, las estrategias han llevado al límite la Frontera Ecológica de Posibilidades de Producción (FEPP) hasta provocar periodos de hambrunas y epidemias catastróficas, a las que se suma el consumo incremental de energía (biomasa, servicios y servicios ecosistémicos), con impactos socioecológicos negativos desigualmente distribuidos, en detrimento de regiones empobrecidas del “sur global”.
Y todo en aras del “progreso” usufructuado por elites de los países industrialmente desarrollados, constituyen factores que están en la base de las migraciones sur-norte recientes, cercanas a 200 millones de personas según ACNURONU-OIM (2025)³.
3. Los signos de la crisis se mueven
Esta crisis no está desconectada de la historia de los sistemas culturales ni de la naturaleza humana. En particular, en relación con la pregunta por la causa última del negativo balance de los sistemas o modelos de gestión del desarrollo, Krugman (2008), se lo atribuyó a la avaricia, como principio moral intencional compulsivo que llevó a estadounidenses y europeos a la crisis de las hipotecas de 2008, cuya recuperación solo ha sido posible con la transferencia de rentas del estado (del público) al sistema f inanciero y la reestructuración del complejo industrial militar y el fortalecimiento de bases militares en 780 lugares de países del mundo como factor de coerción.
Esta es una manera se aportar a desmitificar el determinismo ambiental climático como causa de la crisis y los efectos socioecológicos negativos, ese argumento lo que hace es encubrir las causas y la responsabilidad del colonialismo, del drama migratorio de 47.500.000 refugiados y de 73.000.000 de desplazados internos (ACNUR, 2024) y la persistencia de más de 800 millones de personas en situación de hambre en África subsahariana, Centro América y el Caribe, Asia; resultado de un patrón sistemático de expansión extraterritorial del modelo neocolonial de valorización del capital.
Varios investigadores como Bonaventura de Sousa (2019) acuñaron el concepto de neocolonización a la estrategia subliminal de cautivar el imaginario colectivo de América latina y África con el falaz relato del desarrollo asociado a la adopción del patrón de consumo compulsivo de los países industrialmente desarrollado, que hace que el nivel de desarrollo este determinado por la cantidad de objetos o bienes que una sociedad está en capacidad de adquirir y consumir. Argumento mediante el cual europeos y anglosajones nos inventaron un relato de desarrollo (Escobar. A. 2001) que apunta a convencernos de que es un estado deseable de felicidad, que nuestra felicidad y bienestar se parezca al de ellos. Así recolonizaron nuestras sociedades latinoamericanas y africanas y nos dieron un lugar subordinado en la división espacial del trabajo y la producción, en el mapa del mundo.
Pero, pronto descubrimos que los autores de ese relato de “modelo de desarrollo”, los países del norte industrialmente desarrollados, son los mismos consumidores del 70% de los recursos naturales del planeta y productores del 65% de los residuos mundiales letales para la salud de las poblaciones humanas y animales, debido a la contaminación de suelos, océanos acuíferos y atmosfera. Es importante subrayar esta cuestión, para superar el fraudulento relato del cambio climático y prestar atención a la esencia moral del modelo, como señala Krugman, basado en la avaricia de rentas de élites que no es exclusivo del capitalismo, sino también de los tres sistemas culturales mencionados atrás ubicados en Asia, Estados Unidos, Europa, Eurasia u Oriente Medio.
Esta, según Harris (1987), es parte de la argumentación del enfoque “victoriano”, que ha predominado por más de 400 años en las teorías del desarrollo, principalmente de occidente, con todos sus matices, con un balance socioecológico devastador hasta hoy. Es en ese sentido también que, en el último siglo, diversos sistemas culturales y regímenes políticos en oriente y Asia se encontraron con occidente en el límite de la insostenibilidad con bajos indicadores de calidad de vida de más de cinco mil millones de personas que sobreviven fuera de las fronteras de la opulencia y el derroche contaminador. Tanto en los sistemas capitalistas como socialistas o híbridos este patrón tecnológico cultural de producción generó efectos negativos similares, aunque en distinta magnitud, ganando legitimidad el “paradigma victoriano”, denunciado por Harris.

Puede ser este un marco histórico y ontológico para una lectura de largo plazo de las tensiones pasadas, presentes y futuras en la cambiante geopolítica, dada la intencionalidad inmersa y encubierta. Esto nos ayuda a responder porqué el relato de la sostenibilidad está atado a la necesidad de legitimar el consumo compulsivo extractivista del modelo, en cuanto responde a principios morales como la avaricia que se encubren ideológicamente. Entonces el desbalance en la ecuación del desarrollo sostenible basado en el balance entre tasas de extracción (Tex) y las tasas de regeneración natural (Trn) de bienes naturales, más los GEI, es un tema socioecológico que lleva a considerar efecto invernadero como un indicador falso.
Esta es una tensión de la relación naturaleza – población, presente en todo el panorama de la producción social, relación que es por ello, conflictiva y, por tanto sus magnitudes no son aritméticas sino geométricas, lo que pone en cuestión el supuesto teórico de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), como se plantea en el tercer capítulo del libro, con la ecuación: DS=( Trn)>(Tex)+(GEI), ecuación cuya solución podría asimilarse a la oferta disponible dentro de la FEPP.
Esta consideración nos ayuda a responder la pregunta de ¿Por qué la demanda compulsiva de recursos naturales electivos no considera estos presupuestos y colocan la estrategia de Trump fuera de parámetros morales? Primero que todo, dentro de la Frontera Ecológica de Posibilidades de Producción, la oferta en el mercado adquiere valores sociales y económicos de uso constituyendo la demanda bruta, a su vez, esta está condicionada por las restricciones del ingreso y, este, a su vez indexado a la inflación en cada país, acercándose a la noción de escasez o el concepto keynesiano de demanda efectiva (Keynes, 1986)⁴ De esta manera, según el modelo convencional, las leyes del mercado asignan a cada individuo, sociedad o nación la capacidad de acceder a los recursos minero energéticos indispensables para la producción de los bienes y servicios. Esto explicaría porque en la preocupación de la estrategia de Trump no está el tema de la pobreza y sus causas históricas que responsabilizan al EEUU y la UE.
No está al tanto, de la tesis neomaltusiana⁵ de que lejos de no explicar el superávit mundial de alimentos y la paradójica estadística de 800 millones de personas en condición de hambre en el mundo⁶, mientras de dedican US$13.800 millones para movilizar una flota de guerra al Caribe, más los dólares en el mantenimiento diario. Se necesita, acaso, eliminar cuántos miles de millones de personas para disminuir el costo de mitigar el hambre y asegurar las ganancias, pues según la FAO tenemos una oferta mundial de alimento superavitaria, entonces lleva a considerar el tema de la pobreza monetaria y la reducción progresiva de la FEPP llevándola al límite de las hambrunas en regiones y continentes, con lo que se supera el determinismo climático en el análisis de las crisis.
Mas plausible y realista es prestar atención al papel histórico de las presiones reproductivas (demográficas) que indujeron cambios culturales -tecnológicos para aumentar la productividad, con el objetivo de satisfacer la demanda de alimentos y materias primas. Esta a su vez, elevó las tasas de extracción de biomasa y minero energéticos, hasta disminuir las tasas de regeneración natural, es decir, a reducir la FEPP⁷. Al respecto, economistas, como Mathus (1878), plantearon esta cuestión en términos de la relación inversamente proporcional población – recursos naturales⁸, para argumentar la necesidad de regular el crecimiento poblacional, algo parecido a lo que modernamente se ha denominado juegos de suma cero⁹ en teoría de juegos (Wright, Robert, 2009). Al contrario, Say¹⁰ lo plantea en términos de que la oferta determina la demanda, entendida la oferta como dada, cercano al planteamiento bíblico en el A, T. de que “Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen…” (Ecles. 5:11). El objetivo de M. Harris desde la antropología cultural, es demostrar que todas las sociedades desde cazadores recolectores hasta hoy han echado mano de dos estrategias para asegurar el bienestar: el control del crecimiento de la población y el aumento de la productividad.
A partir de 1950, resultado de la llamada “revolución verde”, la oferta alimentaria y la esperanza de vida aumentaron, al tiempo que, en las guerras y las pandemias, el número de víctimas se redujo sustancialmente en comparación con los siglos anteriores. Hoy, según algunos analistas, estaríamos al borde de un colapso socioecológico, pero se desconoce sus consecuencias. Por eso, se entiende que, en general, los problemas del desarrollo son, fundamentalmente, problemas de gestión socioecológica.
Luego de las sociedades preestatales y las ciudades estado, los estados nacionales se configuraron en soberanías territoriales. En la modernidad y, particularmente, en el curso de los últimos 100 años, las sociedades han evolucionado a formas estatales flexibles de concentración social del poder resultado de pactos más o menos democráticos para encausar las conflictivas relaciones sociales y los intercambios culturales como bases condicionantes del comercio y universalización de la relación mercantil y la relación salarial.
En este contexto, la estrategia en los distintos sistemas culturales se dirigió a ampliar la frontera ecológica de producción incrementado exponencialmente la extracción de biomasa y otros recursos¹¹ y los efectos ambientales sobre las poblaciones económicamente vulnerables, constituyéndose en el principal factor causal de las migraciones sur-norte que hoy llegan más de 180 millones de personas, excluyendo los no registrados o ilegales que pueden duplicar la cifra (ONU-ACNUR, 2024). Al respecto, M. Aglietta (2001) plantea que, en esta fase del desarrollo el capitalismo la reproducción del capital requiere un espacio global, generando dinámicas de desconcentración espacial de los procesos de producción, conduciendo a la multiplicación de cadenas de suministro intercontinentales entre Europa- Asia- Estados Unidos, acompañada de la destrucción o reinvención del mundo del trabajo / empleo y la relación salarial.
En este contexto surgen varias preguntas: ¿Cómo y dónde situar la decadencia de la hegemonía euroestadounidense contemporánea¹²? ¿Son las tensiones geopolíticas en curso elementos de esa decadencia? ¿Estamos asistiendo a la irrupción de un nuevo orden? ¿Cuáles los tensores de la crisis global y su conexión con las guerras militares y comerciales? ¿Cuáles las implicaciones la guerra OTAN – Rusia en Europa oriental o EEUU – Venezuela?
En principio, preguntas convergen en la lectura las trayectorias de la desestabilización institucional del orden vigente desde la II posguerra. Al iniciar el 2026, la inusitada invasión de Estados Unidos a Venezuela, la activación de hostilidades con Rusia en el mar del norte y la puesta en marcha del gobierno Trump de provocar el debilitamiento de la OTAN, interviniendo la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia.
Otro de los tensores es la agudización de la disputa por el control del cambio tecnológico derivado de la expansión de la IA, la cual, sin duda, está acelerando transformaciones mundiales y control estadounidense de porciones de la sociedad global¹³, que configura una nueva fase de distribución geoestratégica de recursos minero-energéticos (“tierras raras”) como tendencia de reprimarización de la economía condición necesaria para el relanzamiento de la industrialización 6.0 robotizada y autodirigida.
Referencias:
¹ La ciencia de datos es un campo multidisciplinar que usa datos para generar conocimientos y predecir resultados, combinando matemáticas, estadística, programación y conocimiento de dominio. Su objetivo es transformar datos brutos en información útil para la toma de decisiones informadas y la resolución de problemas en diversas industrias.
² Según ACNUR-ONU en julio de 2024, en el mundo había aproximadamente 304 millones de migrantes internacionales (3.7% de la población mundial), con una proporción cercana al 48% de mujeres. Los principales destinos son EE. UU., Alemania y Arabia Saudita, mientras que India, México y Rusia son países de emigrantes laborales (167.7 millones de trabajadores), 61% hombres, según la OIT, al tiempo que más de 123 millones son personas forzosamente desplazadas por conflictos armados internacionales y otras por catástrofes ecológicas y las asociadas a la reducción de la FEPP.
³ Que según Keynes es la demanda agregada real que determina el nivel de producción, empleo e ingresos en una economía, en un punto donde la demanda total planeada por consumidores y empresas coincide con la oferta (Malthus, 1824).
⁴ Malthus planteó que la población humana crece exponencialmente (geométricamente) mientras que los alimentos crecen aritméticamente, lo que inevitablemente lleva a una escasez de recursos y, por tanto, causa de hambrunas, guerras y enfermedades que hacen necesario controlar el crecimiento de la población (presiones reproductivas), cuestión que es desmentida por aumento de la esperanza vida, el control de la natalidad, factores que esta teoría no consideró.
⁵ La FAO – ONU (Organización para la Alimentación y la Agricultura) tiene com0 eje estratégico erradicar el hambre, la pobreza y la malnutrición, promoviendo la seguridad alimentaria y el uso sostenible de los recursos naturales como suelos fértiles para agricultura, fuente agua dulce y oceánica para pesca y bosques para la regulación climática, al tiempo que todas las personas tengan acceso a alimentos de calidad y una vida sana.
⁶ Cada año pierden por tala y otras causas naturales alrededor de 10 millones de hectáreas de bosque, de donde se calcula que fuera de la deforestación se perdieron 4.7 millones de hectáreas/año entre 2010-2020, según la FAO
⁷ “Los límites naturales de espacio y alimento deben llevar a regular el crecimiento de la población, puesto que esta crece más que los medios de subsistencia. La teoría de Malthus dice que cuando no lo impide ningún obstáculo, la población se va doblando cada veinticinco años, creciendo de período en período, en una progresión geométrica, mientras que los medios de subsistencia, en las circunstancias más favorables, no se aumentan sino en una progresión aritmética” (Malthus, 1824)
⁸ Un juego de suma cero es una situación en la teoría de juegos y economía donde la ganancia de un participante es exactamente igual a la pérdida de otro, resultando en que la suma total de beneficios y pérdidas es siempre cero; es decir, los recursos son fijos y se reparten, como en el póker, donde el dinero que gana uno lo pierden los demás, a diferencia de los juegos de suma positiva donde todos pueden ganar. Wright, Robert (2009). The Evolution of God. Acknowledgments: Little, Brown and Company, Hachette Book Group. p. 576
⁹ Jean-Baptiste Say señaló: “Un producto terminado ofrece, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos por todo el monto de su valor. En efecto, cuando un productor termina un producto, su mayor deseo es venderlo, para que el valor de dicho producto no permanezca improductivo en sus manos. Pero no está menos apresurado por deshacerse del dinero que le provee su venta, para que el valor del dinero tampoco quede improductivo. Ahora bien, no podemos deshacernos del dinero más que motivados por el deseo de comprar un producto cualquiera. Vemos entonces que el simple hecho de la formación de un producto abre, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos.” (J.B. Say, 1803)
¹⁰ Plantea Harris “Mi objetivo consiste en demostrar la relación entre el bienestar material y espiritual y los costes y beneficios de di. versos sistemas para incrementar la producción y controlar el crecimiento de la población. (Harris Marvin, Caníbales y Reyes, ed. Salvat, Barcelona, 1986)
¹¹ Según la FAO, en las tres últimas décadas se han consumido una tercera parte de los recursos disponibles. Por ejemplo E.E.U.U. tiene el 5% de la población mundial y consume el 30% de los recursos naturales del planeta; el 80% de los bosques se han talado, en el amazonas se talan 2.000 árboles/minuto.
¹² Al respecto, el conflicto desmoronó el sistema de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría, al tiempo que dio lugar a un re-alinderamiento alrededor de la OTAN y sus aliados fortalecidos por el relato anti-Rusia, con altos costos económicos y de seguridad para toda Europa, especialmente.
¹³ En la cima, una élite del 1-2% que desarrolla y controla la IA, formada por grandes corporaciones y gobiernos como EE. UU; y China u OpenAI, Google o DeepSeek. Las siguientes son hoy (2025) las corporaciones trasnacionales lideres del IA: OpenAI (EE.UU.) – Creadores de ChatGPT y modelos avanzados como GPT-4.; Google DeepMind (EE.UU./Reino Unido) – Pioneros en aprendizaje profundo y creadores de AlphaGo; Anthropic (EE.UU.) – Enfocados en el desarrollo de IA segura y responsable; Meta AI (EE.UU.) – Con fuertes avances en IA generativa y modelos de lenguaje; Microsoft AI (EE.UU.) – Principal inversor en OpenAI y desarrollador de Copilot; NVIDIA (EE.UU.) – Líder en hardware para IA, con sus GPU potenciando la mayoría de los modelos actuales; Tesla AI (EE.UU.) – Desarrollo de IA para vehículos autónomos y robots humanoides como Optimus; Amazon AI (EE.UU.) – Integración de IA en servicios en la nube y consumo masivo; Baidu AI (China) – Líder en IA en China, con modelos avanzados de lenguaje y visión artificial; Tencent AI (China) – Desarrollo de IA para juegos, asistentes virtuales y análisis de datos.
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