Por: Naid Núñez Castillo
Lideresa social y ambiental (Veeduría CASA). Activista política en temas de mujer y género. Fotógrafa de flores y orgullosa mamá
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En tiempos donde los lacayos proliferan y el servilismo político disfrazado de patriotismo pareciera una estrategia electoral; se hace necesario conversar sobre soberanía, un término utilizado en todos los ámbitos de la vida nacional como herramienta de debate o requisito de validación para esgrimir cualquier argumento, que se –puso de moda– a raíz de los últimos acontecimientos sucedidos en la hermana República Bolivariana de Venezuela, de los cuales considero innecesario entrar en detalles, debido al amplio cubrimiento de los medios nacionales e internacionales especializados en el tema.
Cierto es que el concepto de soberanía, se define claramente en la Constitución Política de Colombia de 1991 en su Título 1-DE LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES-Art 3. La soberanía reside exclusivamente en el pueblo del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece. Así las cosas, es determinante analizar la soberanía dentro de un Estado como la autoridad suprema que debe tener las riendas absolutas para la imposición de leyes, gobernar y administrar el poder sin ningún tipo de subordinación, en el caso de Colombia por ser un Estado democrático, esa autoridad recae en el pueblo y en todos aquellos que lo representan, aunque el gobierno administra el poder de la soberanía reside en su ciudadanía quienes ejercemos el poder a través del voto popular por medio del cual elegimos nuestros representantes conforme lo establece la Constitución.
El origen del concepto de la soberanía moderna en gran parte se debe a Jean Bodin (S. XVI) “poder absoluto y perpetuo de la Republica” (1576) quien concibió éste planteamiento como consolidación de la autoridad del Estado frente a la dispersión feudal y las guerras religiosas en Francia, enunciando un poder indivisible, superior y centralizado cuya magnanimidad asentara las columnas de un Estado moderno, además, dándole unas características fundamentales como poder absoluto, originario y supremo, incluido su perfil permanente para que trascienda a todas las personas que ejercen el poder soberano, con su naturaleza indivisible e inalienable para que no se pueda transferir a otra entidad lo que implica total independencia, con un soporte universal que sea aplicado en todo el territorio y todas las personas que en el residan. En estas premisas se plantea el génesis de la legitimidad o existencia del Estado.
“Bodin define al Estado como el “recto gobierno de varias familias y de lo que les es común con potestad soberana”
Bodin, (1576), Chevallier, (1974). Franklin, (1992) Legitimidad o existencia del Estado
La totalidad de sus enunciados f ilosóficos, tiene su origen en las guerras religiosas francesas y los plasma en sus 6 libros de la Republica (1576) donde esgrime con detalle las formas cómo se organiza el poder dándole surgimiento al Estado moderno. Este sucinto contexto ratifica la máxima que “Nadie puede hacer injerencia en la soberanía de un Estado” Principio de No intervención la columna cervical del Derecho Internacional (Carta de ONU Art 2.7) hoy tan vilipendiada por aquellos que se extralimitan en su poder, creyéndose dueños absolutos de la verdad y del sometimiento a los pueblos.
En Colombia, país soberano e independiente, la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) es el soporte de la soberanía nacional, por tanto, su poder supremo para imponer leyes y hacer control total de sus recursos hace parte de la claridad mental, histórica y académica que todos debemos poseer, entendiendo que cualquier acción en detrimento de ese conocimiento, corresponde a vende patrias, lacayos o cipayos del poder intervencionista que con tributos exagerados y violencia desean apoderarse del destino popular. Sin duda alguna, el buen manejo de las relaciones internacionales, la diplomacia hoy son estrategias prioritarias para la consecución de la paz y el manejo de conflictos, sumados a la movilización social informada, con sensibilidad social y apego ciudadano para que las voces de pensamiento crítico que escuchemos, sean las de respeto por la soberanía y respeto por la patria.
“Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder” y que la libertad es hacer lo que la ley permite, subrayando que la soberanía reside en la ley y la razón, no en el capricho del gobernante, advirtiendo que una injusticia individual es una amenaza para la sociedad entera la soberanía se erosiona con la corrupción de principios.
Charles louis de seCondat, Barón de Montesquieu
El Congreso de la Republica debería ser la sede de la soberanía popular, por lo que resulta infinitamente ilegal y apátrida que algunos honorables parlamentarios, asumieran la tarea de rogar la –injerencia de otro Estado–para socavar de raíz una gobierno legítimo y democrático a puertas de época electoral, contraviniendo todos sus compromisos constitucionales y de representatividad, generando un rechazo entre sus votantes, que se encargaran de ejercer su derecho, ejecutando sus filtros para no permitir llegar a esas instancia de poder a “personajes” con tamaña ignorancia política y democrática. La soberanía de Colombia se respeta y los canales oficiales de dialogo, seguirán siendo el mecanismo legal para el manejo de conflictos y la consecución de la paz.
“La soberanía de los Estados es sagrada e inviolable. Renunciar hoy a este principio por Venezuela o por cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre”
Marine le Pen (ultraderecha francesa. El País-España, enero 9 -2026)




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