Por: Claudia Patricia Mantilla Durán
Comunicadora Social, Magister En Semiótica Y Doctora En Comunicación. Docente, Programa De Literatura De La UNAB. Actriz Del Colectivo Teatral Diente De León
Leer Revista Encuentros #53 completa

“Sé plural, como el universo.”

Fernando Pessoa

Este texto nace de una experiencia de viaje, aun cuando no pretende ser itinerario ni mucho menos abarcar la pluralidad de mundos que representa la obra del poeta portugués Fernando Pessoa. Este texto nace de un sueño y al igual que la poesía es una especie de niebla que ilumina ciertos contornos y ensombrece otros, este texto es un reencuentro con voces venidas desde la otra orilla del Atlántico que estalla en el rompeolas del universo.

Veamos lo que intento desgranar:

I

El nombre de Pessoa (1888-1935) lleva en sí el indicio de la transformación, significa “máscara”. La despersonalización que el escritor lusitano alcanza en su obra deja sin aliento a cualquiera que pretenda forjar la suya. Desde sus heterónimos más conocidos: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis, hasta los que integran Libro del desasosiego: Vicente Guedes o Bernardo Soares, Pessoa se enfrenta al desafío colosal de crear vidas. Las personalidades que erige, con sus sentires y razonamientos propios se constituyen en biografías independientes y obras autónomas que llevan implícito un desacomodamiento profundo del escritor frente a su mundo. Fernando Pessoa consideraba su obra dispersa y así, entre el “heteronimismo” y el “ortónimo” acompasó su tiempo creativo. En su conocida Nota Autobiográfica de 1935 recuerda que “ser poeta y escritor no constituye profesión, sino vocación” (Pessoa), y en su Tabla Bibliográfica, que para el crítico literario Jerónimo Pizarro es un texto en el que el poeta se presenta a sí mismo, afirma que cada heterónimo, cada individualidad “conforma una especie de drama” (Pessoa, 1928),“drama em gente”, lo cual emparenta su obra con la concepción dramatúrgica, en el sentido de alcanzar la despersonalización máxima; él que también escribió teatro, su famoso “O Marinheiro” y otros textos dramáticos vinculados con el teatro del absurdo.

Enseguida, un paseo por algunos de sus heterónimos -tomando en cuenta que utilizó más de setenta-.

II

El maestro de todos

Alberto Caeiro canta a la naturaleza, cree en aquello que se percibe de forma directa. Nació como un juego, una broma de Pessoa a Sá-Carneiro consistente en inventar un poeta bucólico. Los versos de El guardador de rebaños pueden ser leídos como un diario libertario, la visión pagana de quien ve y siente: Y así escribo/ queriendo sentir 76 la Naturaleza/ ni siquiera como un hombre/ sino como quien siente la Naturaleza/ y nada más/ Y así escribo/ ora bien/ ora mal/ ora acertando con lo que quiero decir/ ora errando/ cayendo aquí/ levantándome allá/ pero yendo siempre por mi camino como un ciego tozudo/. (Caeiro, XLVI)

El epicúreo

Ricardo Reis busca el placer apartándose del mundo, cree en un sano individualismo y acoge la tradición, es latinista y semihelenista, considera que la base de la poesía es el sentimiento aunque se exprese con la inteligencia. Afirma que “la poesía es una música que se hace con ideas, en lugar de con emociones”. (Reis, 1930). En una de sus más bellas odas, escribe: Para ser grande/ sé entero: nada tuyo exagera o excluye/ Sé todo en cada cosa/ Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas/ Así en cada lago la luna toda brilla/ porque alta vive.

El rebelde futurista

Al poeta Álvaro de Campos le obsesiona la energía y el movimiento, escribe sobre el furor de las máquinas, la civilización industrial y la vida marítima de los puertos que le seduce y le hiere a su vez. Nostálgico e incomprendido, es quizá uno de los autores cuya palabra estremece con más fuerza lo estatuido. Para De Campos, “la poesía es aquella forma de la prosa en que el ritmo es artificial” (1930). De su Oda triunfal, extraigo este fragmento: A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica tengo fiebre y escribo/ Escribo rechinando los dientes/ f iera ante toda esta belleza/ ante toda esta belleza absolutamente desconocida por los antiguos/ ¡Oh ruedas/ oh engranajes/ r-rr-r-r- eterno!/ ¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos enfurecidos/ ¡Enfurecidos fuera y dentro de mi/ por todos mis nervios disecados/, por todas las papilas de todo aquello con que siento!/ Tengo los labios secos/ ¡oh, grandes ruidos modernos!/ por oírlos demasiado cerca/ y me arde la cabeza por querer cantaros con un exceso de expresión de todas mis sensaciones/ con un exceso contemporáneo de vosotras, oh máquinas! (De campos,1915). Un poema que, entre otras cosas, repercute en tiempos de máquinas que “piensan” y hasta “sienten”.

El melancólico ayudante de tenedor de libros

Considerado semiheterónimo, Bernardo Soares es el autor principal de Libro del desasosiego en el que a través de fragmentos autobiográficos reflexiona sobre la vida lisboeta: ¡Ah, cuántas veces mis propios sueños se me erigen como cosas/ no para sustituirme la realidad/ sino para confesárseme sus pares en el yo no quererlos/ en su seguirme desde afuera como el tranvía que gira en la remota esquina de la calle/ o la voz del pregonero nocturno de no sé qué cosa que se destaca/ tonada árabe/ como una fuente súbita/ de la monotonía del atardecer. (Soares,1929)

III

En vida, Fernando Pessoa publicó cinco libros. En 1918 aparecen cuatro folletos en verso inglés: 35 sonetos y Antínoo en el que retoma la historia del emperador Adriano y su favorito Antínoo; sus English Poems I, II y III de 1922, y una revisión de Antínoo. En 1934 edita el manifiesto Mensaje, un libro bastante polémico por su posición política, aun cuando puede leerse como clave de la historia de Portugal y en el que expresa su concepción del mito: Un mito es la nada que lo es todo/ Abriéndose a los cielos/ el propio sol es un mito brillante y mudo:/ el cuerpo muerto de Dios/ vivo y desnudo/… (Pessoa, 1934). Dentro de la obra firmada por Fernando Pessoa destaca también su poema Autopsicografía que ha sido valorado como toda una teoría poética y artística: El poeta es un fingidor/ Finge tan completamente/ que hasta finge que es dolor/ el dolor que en verdad siente/ Quienes lean lo que escribió/ tendrán un dolor leído/ no los dos que él concibió/ sino aquel que no han tenido/ Y en una ranura rueda/ distrayendo a la razón/ ese trencito de cuerda/ que se llama corazón. (Pessoa, 1931)

Fernando Pessoa escribió en inglés porque vivió en Sudáfrica entre 1806 y 1905, aunque también en francés y portugués. Permaneció en Sudáfrica hasta los diecisietes años y a su regreso a Portugal se dedicó a manejar la correspondencia extranjera para varias firmas comerciales, mientras participaba activamente en la fundación de las revistas Orpheu y Athena, que abrieron paso al modernismo en Portugal. Así mismo, dirigió la casa editorial Olisipo en la que promovió diversos autores y colaboró con las revistas Presença, vinculada a la vanguardia, y Portugal futurista que propendía por la renovación estética.

El poeta dejó un gran número de manuscritos inéditos que hoy son materia de análisis y publicación. Para el especialista en estudios portugueses y brasileños George Monteiro, “la verdadera vida de Pessoa fue la vida interior del poeta y el pensador” (Monteiro, 2023), esa vida que cuando se cree acariciar, escapa.

En busca fantasmagórica.

IV

Consciente de la multiplicidad de seres que habita la imaginación del poeta Fernando Pessoa llegué a Lisboa en medio de la conmemoración de los noventa años de su partida (30 de noviembre de 1935), fecha en la que muere el escritor dejando un arca llena de textos inéditos y una gran lista de proyectos. Lo primero que se me ocurrió fue visitar la Casa Fernando Pessoa y allí encontré una exposición titulada: “A arca eterna: Fernando Pessoa e a posteridade”, curaduría de Antonio Sáez, en la que a través de documentos, biografías, noticias, correspondencias, ediciones y traducciones se recorre el legado de autor y algunos de los momentos más significativos de su vida que permiten comprender por qué es el escritor más reconocido de la literatura portuguesa del siglo XX en el mundo, a quien se suman nombres como el de la poeta Sophia de Mello o el escritor José Saramago.

El diseño expositivo e interactivo sencillamente impecable, “arca eterna” explora las vidas de Pessoa después de 1935 y propone una nueva perspectiva sobre el archivo y la posteridad del escritor. Sorprende ver los manuscritos que usualmente reposan en la Biblioteca Nacional de Portugal, aunque otros fueron subastados, y sentir en ellos los trazos de su vitalidad inigualable. Así mismo, acercarse al proceso de edición de sus escritos de fragmentos dispersos y volúmenes claramente organizados-, y el papel de la crítica y los editores en la construcción de su obra. Un recorrido acompañado por la historiografía sentimental de esta casa que alberga desde la biblioteca personal de Pessoa hasta el escritorio, la cama del poeta y sus anteojos, esos mismos que le llevaron a decir en los últimos momentos de su vida: “Dá-me os óculos”.

Los visitantes y curiosos de esta arca pueden tocar sus libros, ver fotografías y fragmentos de películas en los que se valora su obra, escuchar su poesía leída en portugués por ingeniosos actores, jugar en un espejo múltiple donde uno es “uno” y muchos a la vez y en el que se lee: “¿Quantos sou?”, y un detalle, por demás especial, tomar carteles que reproducen los documentos de Pessoa como símbolo que prolonga su legado entre los lectores.

No cabe duda, la fascinación por Pessoa sigue y seguirá inspirando nuevas lecturas. Este fue un viaje de la mano del poeta en el que sucedieron cosas misteriosas, pessoanas al cual más, y que no serán contadas en este texto que como mi viaje -insisto-, nació de un sueño. Mejor, cerrar la página y escuchar “lo poco que duramos”, Lidia.