Por: Carlos Arturo Rodríguez Díaz
Exdirector regional, Organización Internacional del Trabajo (OIT). Expresidente, Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT)
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Sigo afirmando que la polarización parece tendencia mundial y que la desilusión con la democracia, la economía de mercado y los gobiernos recorre el mundo entero. En los últimos años, la política europea ha vivido un recrudecimiento de los discursos polarizantes, que dividen a sus habitantes e incitan al odio. La violencia verbal y los discursos radicales en Europa están sembrando una semilla de odio e intolerancia que ya comienza a tener nefastos resultados.

Así las cosas, da congoja decir, que en donde han terminado las hostilidades, la calma se debe más, a las victorias o derrotas en el campo militar, que a las negociaciones. Lo ocurrido entre Israel-Palestina es quizás la ilustración más cruda de esta tendencia belicista que nos indica que estamos regresando a los peores momentos de la Guerra Fría, en donde la humanidad vivía bajo la permanente amenaza de una conflagración que podría borrar toda manifestación de vida.

De otra parte, en Latinoamérica, la ineficacia de la justicia, la inequidad y la corrupción son un caldo de cultivo que la hacen una Región disfuncional. Mientras las democracias están en riesgo, los ciudadanos se muestran cada vez más desesperanzados, lo que amerita trabajar por más y mejor democracia. El Estado Social de Derecho podría estar en peligro, al conocerse recientes datos que nos dicen que al 28% le da lo mismo vivir bajo un sistema democrático o autoritario y al 54% le es indiferente que sea o no democrático, si resuelve los problemas.

En América Latina, hoy menos de la mitad de la ciudadanía apoya la democracia y en mayor o menor grado, cunde el desencanto. Según algunos analistas, el porcentaje de latinoamericanos insatisfechos con el funcionamiento de la democracia pasó en menos de una década, del 51 al 71%.

La crispación en el estado de ánimo social es cada día más alta y está alimentada por una creciente discrepancia entre las mayores demandas ciudadanas y la falta de capacidad para resolver los problemas por parte de las élites políticas. La reputación de los políticos está mermada por los escándalos de corrupción y tenemos instituciones del siglo XIX, con paradigmas del siglo XX, para gobernar sociedades complejas del siglo XXI.

Hoy los ciudadanos están exigiendo a las democracias mejores procedimientos de participación y cuantificables resultados en áreas específicas como: Empleo, seguridad social, educación, igualdad de género, pensiones dignas, seguridad ciudadana y Derechos a las minorías étnicas.

Las nuevas tecnologías cambian totalmente la forma de entender y hacer política, lo que exige mayor inversión en gobernanza que es: Democracia, Derechos, Equidad, Inversión, Crecimiento, Diálogo y Negociación.

Como lo observamos en la introducción de este artículo, la desazón ciudadana es evidente, al igual que el asomo de las políticas que contravienen el Estado de Derecho; por ello, y ante el inusitado avance de la ultraderecha a nivel mundial, destacados investigadores sociales se dieron a la tarea de estudiar a profundidad las causas que la motivan y, en sus conclusiones las describen como inquietantes, pues son la suma de un hegemonismo depredador y una ilustración oscura.

Caracterizan al hegemonismo depredador como un imperialismo sin límites para controlar territorios y obtener rentas con su poder coercitivo. Conciben la fuerza como el único fundamento del Derecho. Afirman que los valores universales, como la Igualdad, la Democracia y los Derechos Humanos carecen de significado. Que son inevitables el conflicto, la jerarquía y la acumulación de riqueza. No buscan convencer, sino impactar. No buscan construir, sino destruir. Es un movimiento de venganza y revancha. La Ilustración oscura no cree en la democracia como horizonte inevitable; más bien la considera un obstáculo para ciertos proyectos de orden, eficiencia o poder.

Recordemos que la Ilustración Oscura es lo contrario de la Ilustración conocida como el siglo de las luces surgida en Europa en el siglo XVIII, que se constituyó en un movimiento intelectual, filosófico y cultural y promovió el uso de la razón humana, el conocimiento científico y la educación para combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía. Este movimiento sentó las bases de la Revolución Francesa.

La crispación que hoy se evidencia, está generando una peligrosa polarización que nos enfrenta y paraliza. Hoy la prioridad debe ser ayudar a Sofocar el Odio y a materializar el diálogo, la participación y el consenso. Necesitamos hacerlo en paz, para que la tolerancia y el pluralismo sean un principio rector de la vida.

Recordemos que pensar distinto no implica enfrentarse, es entrelazar visiones para construir miradas colectivas que permitan fortalecer los propósitos comunes. Frente a esta realidad y entendiendo que sofocar el odio es construir democracia, se hace imperativo que todos los demócratas cerremos filas en torno del Estado Social y Democrático de Derecho, llamando a No Votar por la Derecha ni menos por la ultraderecha, porque ponen en peligro los Derechos ciudadanos al cercenar la democracia.