Por: Naid Núñez Castillo
Lideresa social y ambiental (Veeduría CASA). Activista política en temas de mujer y género. Fotógrafa de flores y orgullosa mamá
Leer Revista Encuentros #49 completa

Hay que caminar el país.
Germán Castro Caicedo
Sin duda, en mis años de existencia, jamás he tenido tan claro como ahora que la información de carácter noticiosa que recibimos a diario de los medios de comunicación, y particularmente de los periodísticos, en muchas ocasionas es falsa, sensacionalista, amarillista, trivial y todos aquellos adjetivos que, en suma, son sinónimo de engaño. Una especie de farsa intelectual y tecnológica montada en escenarios elegantes, llenos por lo general de jóvenes hermosas y caballeros vestidos a la moda que, sin sonrojarse, trasmiten información falsa y carente de contenido, utilizando los medios de comunicación como rampas políticas o ideológicas de sus propios intereses, para conducirnos al error y el convencimiento de que lo que leemos, escuchamos o vemos es real. De alguna manera, se encarga de enjuiciar o estigmatizar al protagonista del suceso noticioso, utilizando herramientas tecnologías, argucias gramaticales, lenguaje bélico, imágenes manipuladas y todo tipo de estrategias, para distorsionar la realidad.
La falta de rigor periodístico, imperante actualmente en los medios informativos con trayectoria de nuestro país, es tal, que muchos hemos migrado a conceptos alternativos, informaciones transmitidas por los llamados influencers o youtubers, que, con su desparpajo y rigor juvenil, se toman la tarea de investigar a fondo los hechos, hacer una análisis objetivo de los acontecimientos y presentar un contexto importante de cada noticia, permitiendo que los receptores saquemos conclusiones analíticas del contenido y podamos estar mejor informados. Adicionalmente, los medios de periodismo basura se encargan de manipular emocionalmente a sus usuarios, para generar miedo, pánico económico, morbo o cualquier otra reacción emocional que impida pensar con objetividad y nos lleve al terreno de la incertidumbre y el terror social, que garantiza a los que ostentan el poder su permanencia en él. Esto hace cada vez más difícil el ejercicio democrático, que se ve soslayado, con planes non sanctos, para maniobrar en favor propio la opinión pública y obtener resultados que favorezcan sus intereses personales, o a los dueños de los medios, como se ha demostrado, incluso, en los estrados judiciales.
En este sentido, las consecuencias negativas de la desinformación, el desprestigio del periodismo como profesión y la banalización de la realidad, se han apoderado del día a día informativo de nuestras vidas, puesto que la información veraz, relevante y oportuna, se tiñe de un manto oscuro que impide ver las verdaderas intenciones del emisor y convierte la noticia en un juego de teléfono roto, donde cada medio de comunicación interpreta y difunde de acuerdo con sus propios intereses.
La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor.
Gabriel García márquez
Trazar la experiencia de nuestra generación, que contaba con muy pocos puntos de contraste y confrontación de la verdad, con la actual, que se enfrenta a un sinnúmero de medios nacionales e internacionales, producto del internet, que bombardea permanentemente con noticias de última hora, videos, palabras e informadores de todos los pelambres. En cuestión de segundos se transmite cualquier hecho que suceda en el mundo, con el agravante de la competencia, que pareciera obligar a utilizar imágenes sensacionalistas y degradantes, con tal de quedarse con la audiencia o aumentar el número de suscriptores, unos “likes” perversos que priorizan el odio sobre la información y desatan una cacería salvaje de audiencia, con mentiras y montajes, con el único animo de brindar pseudoinformacion y ejercer control social. Una especie de dictadura periodística que es ejercida, con sevicia, en contra de todo lo que implique cambio o debilitamiento de las estructuras de poder existentes. Todo lo anterior, es posible requiera un estudio sociológico a profundidad, que permita desentrañar las redes que maniobran a su acomodo la información y crean falsas realidades en el imaginario social, para inclinar la balanza del poder a su favor.
Pues bien, ejemplos de tergiversación de la verdad hay por montones; a los ciudadanos nos han robado la certeza, nos sembraron miedos y nos inyectan odios e incertidumbres y nos obligan a revisar con sumo detenimiento la información periodística y sus fuentes: la fórmula del qué, cuando, cómo y dónde es particularmente necesaria para acceder a una información de calidad, aquella que permite sacar conclusiones objetivas y análisis de pensamiento crítico que no contribuyen a abonar con tierra fértil el terreno de la violencia y el enfrentamiento, que es la f inalidad última de todos los pastorcitos mentirosos del periodismo mundial, quienes contribuyen al derrocamiento de gobiernos legítimos, apoyo de golpistas, argumentos en favor de grupos delincuenciales, asesinatos de líderes sociales y veedores ciudadanos, y la guerra permanente, que beneficia a algunos y expone la clara militancia de otros.
La suma de competencia desleal, monopolios informativos, políticas amañadas y los famosos publirreportajes, donde se disfrazan alianzas comerciales con noticias, son algunos de los muchos perfiles donde hay que encubrir el intrincado entramado del periodismo basura, ese plató, con escenografía convincente, que utiliza todos los trucos para crear un escenario caótico donde la ciudadanía es un simple espectador. Por tanto, acudir a la pedagogía, al análisis de las fuentes y a un barrido de los medios de comunicación, se ha convertido en la táctica predilecta en la búsqueda de la verdad informativa.
Los editores siempre tuvieron la ansiedad de satisfacer a su público […] te doy basura, te entreno en la lectura de basura, me pides basura. Te la doy.
Martín Caparrós




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