Por: Mauricio López
Escritor¹
Leer Revista Encuentros #53 completa

Sacó el libro de memoria don Quijote, y, apartándose a una parte, con mucho sosiego comenzó a escribir la carta; y, en acabándola, llamó a Sancho y le dijo que se la quería leer, porque la tomase de memoria, si acaso se le perdiese por el camino, porque de su desdicha todo se podía temer.

Miguel de Cervantes

Verás, Sancho, una vez escuché a un argentino decir que tú no eras más que alguien soñado por el Quijote. Ay, Sancho, la de cosas que se han dicho de ti. De algún modo, cualquiera se cree capaz de hablar en detalle de lo que oculta el corazón y la mente de un hombre gordo y de corta estatura. Te referiré otra anécdota que aconteció durante mi primer viaje a Praga, justo la aventura donde recibí mi primera moneda de la suerte. Con algo de sudor en la frente y con palabras que se atragantaban en la punta de mi lengua a borbotones, escuché decir a un checo muy delgado y de cara pálida, que el peor enemigo del Quijote no es otro que Sancho Panza. Ya te imaginarás que no volví muy contento a la habitación donde me hospedaba luego de escuchar tal comentario y para colmo, en un hombre que parecía desvanecerse, a medida que las palabras afloraban de sus labios. La verdad es que no pude dormir la noche que escuché esto y me dije que era preferible que simplemente fueras un sueño mío, que se esfumaba por la chimenea de una antigua pensión praguense.

Si por lo menos tu imagen se pudiese detener allí, en tierras checas o en las pampas argentinas, pero no, para bien o para mal, sigues presente en lugares muy distantes de tierra firme. En los relatos marítimos de un escritor latinoamericano, no dejan de aparecer personajes petisos que le hacen la vida imposible a los pintores y a los escritores. De algún modo, siempre hay un enano o cuasi-enano dispuesto a quedarse con la mejor parte del botín, a tomar por esposa a la mujer a la que aspira el artista, y claro, no puede faltar el regordete de medio metro completamente entregado a difamar el nombre de la persona con aspiraciones en las letras o en la pintura. Si supieras las veces que has explotado o te han arrojado al mar o simplemente te han dejado amarrado en lo alto de una vela, con un trapo sucio amarrado a tu boca, saldrías espantado y posiblemente no querrías saber nada más de novelas, cuentos, dibujos o pinturas. Nunca supe por qué los personajes más despreciables de ese afamado escritor latinoamericano solían ser hombres con tus características físicas, querido Sancho.

Entonces estábamos allá, Sancho, y pregunté «¿Ustedes si conocen a Sancho Panza?», y la mudez se dibujó en el rostro de quienes me acompañaban. La gente sabe que hay un libro que habla de ti, y que si se pasean por las calles de Alcalá de Henares, podrán cruzarse con las figuras de El Quijote y Sancho en forma de esculturas, que verán la casa donde Cervantes dio sus primeros pasos y quizás imaginó figuras acuosas e incompletas de eso que hoy se conoce como El Quijote, y sin embargo, cuando pregunto por ti, nadie quiere referirme episodios tuyos, o fragmentos donde seas tú el protagonista. Entre los que escucharon mi pregunta, había incluso un escritor, y aún así, guardó silencio, y no supe si fue por la vergüenza de no haber leído nunca Don Quijote de la Mancha o porque no quería evocar el nombre de un sueño o de una pesadilla.

Verás, Sancho, no es que quiera seguir hablando pestes de ti, pero no quisiera despedirme sin referirte una historia que escuché hace unas semanas. Había una vez un pequeño reino y los hombres más insignes de ese lugar eran un hombre de barba entrecana y figura alargada, y el otro, como no podía ser de otro modo, era gordo, bajito, jorobado y algo cojo. Un día, el hombre de barba entrecana, cansado del protagonismo compartido en el pequeño reino, escapa a las tierras del Viejo Continente. Pasan los días y los meses, y el hombre que ha decidido ausentarse, parece que ha emprendido un viaje sin retorno. Mientras tanto, el que ha decidido quedarse al frente del reino, parece obsesionarse con la figura del ausente, y prácticamente no hay charla donde no aluda a quien ha decidido partir al Viejo Continente. De algún modo, consigue apropiarse de la vida y las palabras de quien hasta hace no tanto tiempo, compartía el mandato del reino. En medio de dicha transformación, ha conseguido uno de sus objetivos, que el pueblo desconfíe de quien ha decidido tomar distancia, de ese hombre de barba entrecana que se ha largado a buscar quién sabe qué fantasmas y qué aventuras en tierras lejanas. Cuando el viejo decide volver a lo que fue su reino, con el ánimo de recobrar sus caminatas alrededor de sus antiguos árboles y del canto de los pájaros, lo que halla es un una cabaña hecha chamizos, unos árboles derribados, y un río de gente que no le quiere dirigir la palabra. El hombre de barba se queda mirando los rostros de los habitantes de su antiguo reino, y cree comprender su malestar, no ha traído nada consigo, salvo un ejemplar del Quijote.

Desprovisto de un lugar en el reino, sin casa ni cultivos, lo mejor a lo que puede entregarse es a la lectura. No obstante, el pueblo no lo estima merecedor de esa distracción, y el libro le es arrebatado ahí mismo, delante de lo que fue su hogar. Los más allegados al hombre bajito y regordete le cuentan del regreso del viejo y le entregan el ejemplar que ha traído consigo. El hombre masculla algo y luego da la orden de cambiar la portada del libro. El caballero de f igura alargada ataviado en una armadura, es borrado y el único que aparece en escena es Sancho Panza, que cabalga de manera erguida sobre un enorme caballo y toda una legión de guerreros lo acompaña en su entrada triunfal a un reino desconocido. El ejemplar se entrega al hombre de barba entrecana y una multitud le increpa cientos de cosas que no tiene ni idea de haber dicho o de haber hecho y finalmente lo expulsan de lo que fue su reino compartido con el hombrecillo de diminuta figura.

Verás, Sancho, sin Quijote ni espada en mano, tu imagen borrosa está en cada sueño.

Referencias


¹(Bucaramanga, 1988). Ha colaborado con Letralia, Culturamas, El Espectador, Journal of Artistic Creation and Literary Research, Revista Colofón, revista Encuentros, revista Caminante, revista Contrapunto, revista Montaje, y Crisopeya: Revista de Arte y Literatura. Es autor de los libros Formas de morir y otros textos (Ediciones UIS, 2013), Capítulo Tres (Ediciones Oblicuas, 2017) y coautor del libro El reinado de Harley y otros relatos (Caza de libros, 2015), Autor de la novela “Conversación en Perish Garden”. (Editorial Adarve, 2025), Madrid, España.