Por: Carlos Eduardo Barriga Acevedo
Escritor y cineasta¹
Leer Revista Encuentros #53 completa

I. La aventura de Slavoj Žižek

Hace pocos meses la editorial Anagrama de España trajo a las librerías colombianas el libro “Demasiado tarde para despertar. ¿Qué nos espera cuando no hay futuro?”² de Slavoj Žižek³,quizá “uno de los pensadores más innovadores y apasionantes de la izquierda” (Times Literary Supplement) y “el filósofo más peligroso de Occidente” (Adam Kirsh, New Republic)⁴.

Se trata de un ensayo filosófico y político en el que este autor busca demostrar, con su ya clásica perspectiva pesimista e irónica, que la destrucción del planeta no sólo es irreversible, sino que obedece a una crisis social, política y ambiental que sobrepasa la capacidad de reacción de la especie humana, por lo que requiere ser interpretada de otra manera. Para ello, desarrolla una serie de acontecimientos actuales que considera anuncios apocalípticos: La guerra de Rusia y Ucrania, el leninismo y los sueños imperiales de Putin, el ascenso de los populismos, la manipulación del lenguaje y de todas las formas de expresión, los pacifismos ingenuos y melifluos, los dobles raseros de las instituciones y los lideres políticos, la crisis Palestina, el calentamiento global, la cultura woke y sus derivas, el calentamiento global, el genocidio en Palestina, inteligencia artificial, el caso Assange, entre otros⁵.

En el primer capítulo de “Demasiado tarde para despertar”, Žižek parte del comentario personal sobre el terror que siente al ser despertado y el por qué prefiere despertarse él mismo justo unos segundos antes de que suene el despertador. Esta anécdota le sirve para extrapolar la paradoja de la conciencia, en el sentido de que no hay un momento preciso para generar un cambio esencial que evite una emergencia planetaria, y que en el momento en que se hace conciencia de la necesidad de actuar, ya es tarde para evitar un desastre”. En otras palabras, “no hay un momento adecuado para despertar”. A partir de esta reflexión, Žižek saca de su sombrero mágico dos conceptos que suponemos sinonímicos pero que abren dos aristas bien distintas de la idea de futuro: El “Futur” y el “Aveniur”. Esta distinción, que Žižek retoma de Jean-Pierre Dupuy, con su visión filosófica, política y ambiental orientada hacia la acción transformadora⁶, le permite plantear la divergencia del concepto de futuro. Por una parte, establece la noción de “Futur”, como continuación lineal del devenir pasado-presente-futuro” y, por otra, la idea de ruptura radical de la continuidad temporal para dar lugar a lo que está por venir, como acción discontinua, el “Avenir”. Mientras el “Futur” implica una continuidad lineal del f luir político (por ejemplo, de los diversos populismos mesiánicos que gobiernan en distintas latitudes, o el nuevo feudalismo de las grandes corporaciones tecnológicas), en su lugar, el “Avenir” se establece como una ruptura radical que irrumpe en el escenario planetario como una novedad emancipadora.

Afrontar entonces la amenaza de la catástrofe requiere introducir una nueva noción de tiempo, una especie de “tiempo de proyectos” (el “avenir”) como una suerte de futuro discontinuo. Mientras el concepto de “Futur” supone la perpetuación de las dinámicas económicas y sociales, capitalistas, el concepto de “avenir” implica la instauración de un proceso de revolución que rompe los ciclos de oposición y alternancia. Este concepto así planteado conlleva la necesidad de olvidar la esperanza de un mundo futuro, asumiendo en su lugar la posibilidad de que la catástrofe ya sucedió, como un juego dialéctico de situaciones de desastre y prevención. Por ejemplo, mientras en la noción de “Futur” la crisis climática es inevitable (es una cuenta regresiva del reloj del Juicio Final), en el “Avenir” la acción sucede como si la catástrofe ecológica ya se hubiera dado. Esto genera una acción de lucha contra el “Futur”, como un mundo que continúa su ciclo temporal de producción extractivista y consumo de materiales fósiles de manera irrevocable. Desde el otro punto de vista, la crisis climática no sería solo un riesgo planetario, sino un llamado a reconfigurar el tiempo humano.

La humanidad ha construido la idea de un apocalipsis inevitable, un estado de las cosas que nos lleva a un “punto fijo” distópico, y en el que la guerra nuclear, el colapso ecológico o el caos económico y social asoman hacia un punto de total destrucción, nos señala Žižek. Para evitarlo, se requiere que la humanidad actúe como “especie humana”, única forma de alterar la deriva hacia el “punto fijo”, como un encadenado de hechos. El problema está en que no siempre es posible “acordar” una voz universal para detener o variar su rumbo, por lo que sólo queda, como acción trascendente, romper el control que el futuro catastrófico ejerce sobre nosotros, y de esta manera abrir un nuevo espacio en medio de la crisis, que nos brinde la oportunidad de algo nuevo o “por venir”.

El asunto de Žižek es que enruta esta visión de “fatalismo retroactivo” hacia una especie de revolución mundial basada en un romanticismo de la catástrofe. Un tipo de irrupción mesiánica basada en “necesidades superpuestas” donde se crea una discontinuidad que reinterpreta el pasado para forzar un futuro nuevo. Según Žižek, hemos vivido varias crisis catastróficas que catalizaron rupturas revolucionarias reinterpretando de manera retroactiva el pasado. Žižek expone un sinnúmero de hechos y personajes mundiales que aborda en la mayor parte del libro, pero citemos a manera de ejemplo, la Revolución Rusa y su relación con la Primera Guerra Mundial, donde la guerra actúa como catástrofe que provoca la revolución, trastocando el “Futur” del conflicto imperial con la lucha por la instauración del comunismo. O también la Revolución China (1949), cuando la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial sirvió al “Avenir” maoísta, subvirtiendo el “Futur” de la dominación colonial y capitalista. Pero Žižek advierte que detrás de estos hechos que rompen la línea de los tiempos trazados, también han dejado sembrado todo tipo de autoritarismos populistas y dictatoriales, eco-fascismos emergentes, etcétera, más que revoluciones propiamente dichas.

Pero, destruir el capitalismo y el populismo perpetuos requiere “despertar”. Se necesita hacer un llamado a la acción política, actuar en el mundo como si estuviéramos en una post-catástrofe, única forma de movilizarnos en contra de la inercia presente, una acción capaz de forzar un “Avenir” post-capitalista”. Y aquí Žižek instaura el elemento del “Quinto jinete del Apocalipsis”, una metáfora de la pasividad ideológica y la capacidad autodestructiva del ser humano, que potencia y acelera los cuatro jinetes bíblicos (guerra, peste, hambre, muerte) mediante el capitalismo tardío y el cinismo posmoderno.

Y como era de esperarse, Žižek se convierte en “bolsa de boxeo” para un amplio mosaico de filósofos y pensadores contemporáneos, quienes siempre aprovechan la oportunidad para atender sus gestas provocadoras. Algunos autores como Bruno Latour, Badiou o Rancière, señalan la vaguedad de algunos de sus planteamientos, como el de fatalismo retroactivo, que consideran una provocación retórica, más que un concepto de utilidad práctica analítica. A esto, Žižek responde con su rechazo al empirismo positivista, con su esquema de “travesía del fantasma”, donde el método exige la confrontación del otro, más que la exigencia de datos cuantitativos. En su lugar acude a la crónica detallada de hechos contemporáneos de todas las latitudes, que en últimas intentan demostrar por qué es necesario ser suficientemente valientes para abandonar nuestra “melancólica apatía” y más bien atacar las razones de nuestra crisis. Cuando las herramientas de su dialéctica hegeliana tocan los bordes de la comprensión, Žižek acude a su especialidad lacaniana para tratar de analizar este tiempo presente tan convulso y agobiante mediante los juegos interpretativos entre lo real, lo simbólico y lo imaginario. El caso lacaniano del padre que despierta para seguir soñando, le permite crear una analogía de la negación de la realidad apocalíptica, donde el presente adquiere la fuerza de su destino irrevocable y el pasado retrospectivo infiere alternativas para la reinterpretación. Combatir amenazas como el colapso ecológico o guerras globales, implica romper el “atractor” catastrófico, cambiando primero el pasado simbólico en lugar de “comprenderlo”. Pero, aun así, es difícil saber que nos espera cuando no hay futuro. Porque “hoy el mayor riesgo es no hacer nada y dejar que la historia siga su curso”⁷.

II. Demasiado tarde para despertar (La novela)

Lo curioso de este comentario es que hace 40 años escribí una novela titulada Demasiado tarde para despertar⁸.Una coincidencia bastante extraña con el libro de Žižek publicado en el 2024⁹, por ser un título algo abstracto y poco común. En el caso de la novela, se trata de un texto sobre la autobiografía de Margarita González, un personaje poliangular creado a partir de fragmentos de memoria de una generación de jóvenes universitarios que vivimos la política y la historia con “irónica belleza” en medio de un frenético fluir de amor, locura y muerte en la década de los años setenta. Una generación que imaginó todos los caminos para derrotar al “establecimiento”, con la esperanza de crear una nueva sociedad renovada en sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad, pero que muy pronto, ya entrada la década de los ochenta, sintió los estertores del fracaso y la desilusión por una realidad que viajaba en contrasentido a sus ideales. Margarita González era una líder emblemática que imaginábamos en aquel entonces semejante a la libertad hecha mujer en el cuadro de Delacroix, de “La libertad guiando al pueblo”. Margarita González era la encarnación de la revolución de todos los excluidos de la Tierra: Campesinos, obreros, hippies, vendedores de paraísos y nirvanas, pequeños-burgueses e intelectuales, drogadictos, vendedores y culebreros, marxistas, leninistas maoístas, anarquistas, y cuanta colectividad fuera posible imaginar, soñando en la unidad de los pobres del mundo, todos unidos construyendo el ideal del “hombre nuevo”.

Para entonces, muchos fragmentos de utopías, distopias y otras ficciones se fueron disolviendo ante la dureza de lo real. La bisagra entre la década de los años setenta y ochenta fue dejando ver las cicatrices de la derrota. Cientos de muertos, torturados y exiliados que dejaron entrever la fragilidad de aquella esperanza. El capitalismo había renacido con todo su furor, más implacable y perverso que nunca. Había plagado el mundo de yuppies inmisericordes, sin el más mínimo indicio de humanidad y solidaridad. Seres anodinos pero adinerados, privilegiados, blancos, desplazando a los pobres de los barrios obreros, y en medio de esa realidad, sentir que ya toda idea de felicidad no era posible.

La linealidad del tiempo termina mostrando el fracaso histórico de su proyecto político. Margarita González opta por el exilio, quiere dar un contexto latinoamericano y mundial a su lucha, por si acaso hay forma desde afuera de darle vuelta a ese ancestro conservador irredimible de su país de origen. Pero bien pronto siente el rigor de la fatalidad. No hay salida, y para entonces nadie habla de “fatalismo retroactivo” como muchos años después lo haría Žižek con el mismo título de Demasiado tarde para despertar.

Dice el escritor mexicano Jorge PérezGrovas, prologuista de la segunda edición de Demasiado tarde para despertar: “Por eso, la novela trae un final abrupto, como en una caída al abismo sin paracaídas. Es entonces cuando Margarita González manda a la mierda la felicidad. No quiere dejar arrebatarse la posibilidad de ser feliz. Sin embargo, esa felicidad elusiva requiere nuevas definiciones, otros acordes disonantes de lo que significa estar vivo, o romper los esquemas lineales del relato a través de flashazos, fragmentos, acercamientos y distanciamientos para expresar la complejidad de nuestra condición humana. Tal cual Margarita González, siempre frágil, en un círculo ensimismado y sin futuro, girando su cuerpo sobre la uña del dedo gordo para observar el mundo, su mundo, en una panorámica tan dislocada como ingenua”.

Pero, como ya lo dijo Žižek, destruir el capitalismo y el populismo perpetuos requiere “despertar”. Se necesita hacer un llamado a la acción política, actuar en el mundo como si estuviéramos en una postcatástrofe, única forma de movilizarnos en contra de la inercia presente, una acción capaz de forzar un “Avenir” postcapitalista”.

La mujer real que sirvió de silueta a la emblemática Margarita González, es hoy día una ama de casa, jubilada, que después de tres divorcios vive en la vieja casa de sus padres, acompañada por una de sus hijas y dos nietos. Es relativamente feliz.

Sí. Era demasiado tarde para despertar.

Referencias


¹Escritor y cineasta egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Magister en Teoría e Historia del Arte. Docente co-fundador de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia (desde 1988). Su labor audiovisual se ha enfocado al género documental, con particular énfasis en temáticas ambientales, comunitarias y socioculturales. Entre sus trabajos más reconocidos se destaca el documental “Santurbán, lo que la tierra no perdona”, relacionado con la defensa del agua frente a los retos de la explotación del oro (2014-2015). Investigador y formador de maestros en medios, lenguajes y tecnologías aplicadas a la educación.

² Zizek, Slavoj, Demasiado tarde para despertar. ¿Qué nos espera cuando no hay futuro?, Barcelona, Ed. Anagrama, Argumentos, 2024, 220 pp.

³ Slavoj Zizek, (Liubliana, 1949), filósofo, sociólogo y psicoanalista lacaniano, teórico cultural y activista político. Director del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres. Investigador del Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana y profesor de la European Graduate School. Autor de más de cuarenta libros de filosofía, cine, psicoanálisis, materialismo dialéctico y crítica de la ideología. Algunos de sus títulos: “Mis chistes, mi filosofía”, “Problemas en el paraíso”, “La nueva lucha de clases”, “El coraje de la desesperanza”, “Incontinencia del vacío”, “Como un ladrón a pleno día”, “La vigencia del Manifiesto Comunista”, entre otros.

⁴ Citas tomadas de la contraportada del libro.

⁵ Por los hechos recientes del año 2026, se podría pronosticar que Zizek está preparando la reedición de este libro o, tal vez, un nuevo best-seller en el que los Estados Unidos asume con ahínco su papel protagónico de policía del mundo, enervando los roles antagónicos de China y Rusia, como piezas intercambiables en el escenario de la dominación mundial.

⁶ Dupuy, Jean Pierre, The War That Must Not Occur, Redwood City, Stanford University Press, 2023. (Citado por el autor)

⁷ Zizek, Slavoj, Demasiado tarde para despertar. ¿Qué nos espera cuando no hay futuro?, Barcelona, Ed. Anagrama, Argumentos, 2024, p. 217

⁸ Barriga Carlos, Demasiado tarde para despertar, México, Ediciones U.A.C. 1985, 170 pp. Premio en el Concurso Nacional de Primera Novela Juan Rulfo, Instituto Nacional de Bellas Artes, México. Reeditado con el título A la Mierda con la felicidad, México, D.F., Editorial Entretiempos, 2017.

⁹ Título de la edición original: Too Late to Awaken. What Lies Ahead When There is No Future? Allen Lane, Londres, 2023.